San Mateo 23,13-22 Vol.2 cap.13 Abril 12, 1899 Vol.3 cap.65 Abril 25, 1900
Mt 23, 13 “En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas*
Vol.2 cap.13 Abril 12, 1899
“Jesús dice a Luisa: Tú eres mi tabernáculo, es más, me siento más contento en ti porque te participo mis penas.
Hoy, sin hacerme esperar tanto, Jesús ha venido pronto y me ha dicho:
“Tú eres mi tabernáculo; para Mí es lo mismo estar en el sacramento que en tu corazón, es más, en ti se encuentra otra cosa de más, que es el poderte participar mis penas y tenerte junto Conmigo como víctima viviente ante la divina justicia, lo que no encuentro en el Sacramento”.
Y mientras decía estas palabras se encerró dentro de mí. Estando en mí Jesús me hacía sentir ahora las pinchaduras de las espinas, ahora los dolores de la cruz, los afanes y los sufrimientos del corazón. En torno a su corazón veía un trenzado de puntas de hierro que hacía sufrir mucho a Jesús. ¡Ah! Cuánta pena me daba verlo sufrir tanto, hubiera querido sufrir todo yo antes que hacer sufrir a mi dulce Jesús, y de corazón le pedía que a mí me diera las penas, a mí el sufrir. Entonces Jesús me dijo:
“Hija, las ofensas que más traspasan mi corazón son las Misas dichas sacrílegamente, y las hipocresías”.
¿Quién puede decir lo que comprendí en estas dos palabras? A mí me parece que externamente se hace ver que se ama, se alaba al Señor, pero internamente se tiene el veneno listo para matarlo; externamente se hace ver que se quiere la gloria, el honor de Dios, pero internamente se busca el honor, la estima propia. Todas las obras hechas con hipocresía, aun las más santas, son obras todas envenenadas que amargan el corazón de Jesús.
Vol.3 cap.65 Abril 25, 1900
La pureza en el obrar es luz.
Encontrándome fuera de mí misma y no encontrando a mi dulce Jesús, tuve que girar mucho para ir en busca de Él. Al final lo he encontrado en brazos de la Reina Mamá tomando la leche de su pecho, y por cuanto yo le decía y hacía, parecía que no me prestaba atención, más bien ni siquiera me miraba. ¿Quién puede decir la pena de mi pobre corazón al ver que Jesús no me hacía caso? Después de haber dado rienda suelta a las lágrimas, teniendo compasión de mí ha venido entre mis brazos y ha derramado en mi boca un poco de esa leche que había chupado de la Mamá Reina.
Después de esto he mirado su pecho, y tenía una pequeña perla, tan resplandeciente que investía de luz la Humanidad Santísima de Nuestro Señor. Entonces, queriendo saber el significado, le he preguntado a Jesús qué cosa era esa perla, que mientras parecía tan pequeña expandía tanta luz. Y Jesús:
“Es la pureza de tu sufrir, porque aunque es pequeño, pero como sufres sólo por amor mío y estarías dispuesta a sufrir más si Yo te lo concediera, esta es la causa de tanta luz. Hija mía, la pureza en el obrar es tan grande, que quien obra con el único fin de agradarme a Mí solo, no hace otra cosa que mandar luz en todo su obrar. Quien no obra rectamente, aun el bien, no hace otra cosa que esparcir tinieblas”.
Entonces he visto en el pecho de Nuestro Señor, y tenía un espejo ternísimo, y parecía que quien caminaba rectamente quedaba todo absorbido en ese espejo, quien no, quedaba fuera, sin que pudieran recibir ninguna marca de la imagen del bendito Jesús. ¡Ah Señor! tenme toda absorbida en este espejo divino, a fin de que ninguna otra sombra de intención tenga yo en mi obrar.
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