12 de JULIO 202 Mt 11,24

 El día del juicio le será más llevadero a Tiro y Sidón y a Sodoma que a vosotras

En aquel tiempo se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: "¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti".

Palabra del Señor

"Gloria a Ti, Señor Jesús"


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vol. 17, 20 julio 1925

“Entonces comenzó a reprochar a las ciudades en las que se habían producido la mayoría de sus maravillas, porque no se habían convertido” (Mt 11,20) 

Encontrándome en la forma acostumbrada, después de haber pasado las más amargas privaciones de mi dulce Jesús, al fin se mostró y sin decirme una palabra, me puso en una posición dolorosa, en perfecta inmovilidad: sentía la vida y no tenía movimiento, sentí la respiración y no podía respirar. Toda mi pobre persona no tuvo un pequeño movimiento, y mientras sentía dolor no podía retorcerme por el dolor que sentía, pero fui obligada por la presencia de Jesús y por su Santísima Voluntad a quedarme inmóvil. Así que después de haber complacido a mi bendito Jesús, extendió sus brazos hacia mí como para tomarme y estrecharme contra su pecho, y me dijo: “Hija mía, ¿has visto lo doloroso que es el estado de inmovilidad? Es el estado más duro, porque hasta para sentir dolores amargos, el movimiento es alivio, es señal de vida; las contorsiones son voces mudas que piden ayuda y sacuden la compasión de los que la rodean. Has experimentado lo doloroso que es; pero ¿sabes por qué te pongo en este estado de quietud? Para hacerte comprender el estado en que se encuentra mi gracia, y tener de ti reparación. ¡Oh, en qué estado de quietud se encuentra mi gracia! Es vida y movimiento continuo, y está en el acto continuo de darse a las criaturas. Las criaturas lo repelen y lo inmovilizan; siente la vida, quiere dar la vida y se ve obligada por la ingratitud humana a permanecer inmóvil e inmóvil; ¡una pena! mi gracia es luz, y como luz se esparce naturalmente, y las criaturas no hacen más que soltar tinieblas; y mientras mi luz quiere entrar en ellos, la oscuridad que ellos esparcen paraliza mi luz y la deja como inmóvil y sin vida para las criaturas. mi gracia es amor y contiene la virtud de poder encender a todos; pero la criatura que ama a otra hace este amor por muerto para sí, y mi merced siente la pena más desgarradora del estado de inmovilidad en que la ponen las criaturas. ¡Oh, en qué estrecheces tan dolorosas se encuentra mi gracia! Y esto no sólo de los que abiertamente se dicen malos, sino también de los que se dicen almas religiosas, piadosas; y muchas veces por bagatelas, por algo que no va a su ingenio, por capricho, por ataque muy vil o porque no encuentran en las mismas cosas santas la satisfacción de su voluntad, mientras que mi gracia es toda movimiento y vida. pues ellos, [las criaturas] lo inmovilizan y se aferran a lo que está en su genio, al capricho, a los ataques humanos ya todo aquello en que sienten la satisfacción de sí mismos. para que en lugar de mi gracia se pongan a sí mismos como vida y como ídolo propio. Pero ¿sabes quién es el consolador, el compañero indivisible, el secuestrador que  secuestra el movimiento y la vida de mi gracia? que vive en mi Voluntad. Donde reina, mi gracia siempre está en movimiento, siempre está celebrando, siempre ocupando las cosas, nunca permaneciendo enojada, inactiva. El alma donde reina mi Voluntad es la querida de mi gracia, es su pequeña secretaria donde pone los secretos de sus penas y de sus alegrías; él le confía todo, porque mi Voluntad tiene espacio suficiente para recibir el depósito que contiene mi gracia, porque no es otra cosa que el nacimiento continuo de mi Voluntad Suprema”. (de los escritos de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta - vol. 17; 20 julio 1925)

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Vol. 8-48 (1-3); septiembre 5, 1908


"El día del juicio será terrible para los malos"


Hablando con el confesor, él decía: “¡Qué terrible será ver a Dios indignado! Tan es verdad, que en el día del juicio los malos dirán: “¡Montes, sepúltenos, destrúyanos a fin de que no veamos la cara de Dios indignado!” Y yo decía:


“En Dios no puede haber indignación, enojo, más bien es según el estado del alma, si es buena, la presencia divina, sus cualidades, sus atributos, la atraen toda en Dios y ella se consume sumergiéndose toda en Él; si es mala su presencia la oprime, la rechaza lejos de Él, y el alma viéndose rechazada y no sintiendo en ella ningún germen de amor hacia un Dios tan Santo, tan bello, y ella tan fea y mala, quisiera quitarse de su presencia, aun destruyéndose a sí misma si fuera posible. Pero en Dios no hay mutación, sino que según somos nosotros, así se sienten los efectos de su presencia.”


Después pensaba entre mí: “Cuántos desatinos he dicho.” Por eso, al hacer la meditación durante el día, en cuanto Jesús ha venido me ha dicho:


“Hija mía, está bien dicho que Yo no me cambio, sino que según cambia la criatura así siente los diversos efectos de mi presencia. En efecto, ¿cómo puede temer quien me ama, si siente correr todo mi Ser en el suyo y Él forma su misma vida? ¿Puede temer de mi Santidad si ella toma parte de esa misma santidad? ¿Puede avergonzarse ante mi belleza, si siempre busca embellecerse más para agradarme y para asemejarse más a Mí? ¿Si siente correr en su sangre, en sus manos, en sus pies, en su corazón, en su mente, todo, todo el Ser Divino, de modo que es cosa suya, todo suyo, y puede temer, puede avergonzarse de sí misma? ¡Esto es imposible!


¡Ah! hija mía, es el pecado lo que arroja tal confusión y desorden en la criatura, hasta el punto de quererse destruir para no sostener mi presencia.


El día del juicio será terrible para los malos, pues no viendo en ellos germen de amor, más bien odio hacia Mí, mi Justicia me impone no amarlos, y así como a las personas que no se aman no se les quiere tener cerca y se usan todos los medios para alejarlas, Yo no querré tenerlos conmigo, ni ellos querrán estar, nos rechazaremos recíprocamente, sólo el amor es lo que une todo y hace feliz a todo.”

“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza” (Mt: 11, 21)



Horas 8 de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo


De la medianoche a la una de la mañana


La captura de Jesús


"… Y mientras sales al encuentro de tus enemigos, oigo de nuevo tu voz llena de ternura que les dice: “¿A quién buscan?”. Y ellos responden: “A Jesús Nazareno”. Y tú les dices: “Ego Sum”.


Con esta sola palabra tú dices todo y te das a conocer por lo que eres, tanto que tus enemigos caen por tierra como si estuvieran muertos. Y tú, Amor sin par, diciendo de nuevo “Ego Sum”, los llamas a vida y te entregas tú mismo en manos de tus enemigos.


Ellos, pérfidos e ingratos, en vez de humillarse y de echarse a tus pies para pedirte perdón, abusando de tu bondad y despreciando gracias y prodigios, te ponen las manos encima y con sogas y cadenas te atan, te inmovilizan, te tiran al suelo, te pisotean, te jalan de los cabellos y tú, con paciencia inaudita, callas, sufres y reparas las ofensas de los que, a pesar de los milagros no se rinden, sino que cada vez se vuelven más obstinados.


Con tus sogas y tus cadenas suplicas que se rompan las cadenas de nuestras culpas y nos atas con la dulce cadena de tu amor. Y a Pedro, que quiere defenderte y llega hasta cortarle una oreja a Malco, lo corriges amorosamente; de este modo quieres reparar las obras buenas que no son hechas con santa prudencia y por quienes a causa de su excesivo celo caen en la culpa“


“Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que, en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido”

Vol. 36-12 (2-3); junio 5, 1938


"Esto es el vivir en mi Querer Divino: 'Sentir nuestra Potencia obrante dentro y fuera de sí!'"


“Mi pequeña hija de mi Querer, mi Voluntad inviste y envuelve todo y a todos en su regazo de luz, posee todo, no hay quien le pueda huir, todos viven en Ella, sólo que no la reconocen, no reconocen quién es quién les da la vida, el movimiento, el paso, el calor, y les da hasta el respiro; podemos decir que la criatura vive en nuestro Querer como si viviese en nuestra casa, la proveemos de lo que le es necesario, la alimentamos con ternura más que paterna, y no nos reconoce, y muchas veces se atribuye a sí misma lo que hace, mientras que lo hacemos Nosotros, y llega hasta ofender a Aquél que le da la vida y se la conserva.


Podemos decir que tenemos en nuestra casa a tantos enemigos nuestros que viven a expensas nuestras, como tantos ladrones de nuestros bienes. Pero nuestro Amor es tanto, que nos obliga a darles la vida y alimentarlos como si nos fuesen amigos. ¡Cómo es doloroso que nuestra Voluntad sirva de habitación a quien no nos reconoce y nos ofende! Están en Ella por razón de creación, de nuestra Inmensidad, porque si no quisieran estar en nuestro Querer no habría lugar para ellos, porque no hay punto ni en el Cielo ni en la tierra en el cual Ella no se encuentre. Ahora, la criatura para decir que vive en nuestro Querer, lo debe querer, lo debe reconocer; con quererlo siente que todo es Voluntad de Dios para ella, y con reconocerlo siente nuestro acto obrante sobre de ella.


Y esto es el vivir en mi Querer Divino: ‘Sentir nuestra Potencia obrante dentro y fuera de sí!’ Y conforme siente que Él obra, ella obra junto, si siente que amamos, ama junto; si queremos hacernos conocer más, ella es toda atención para escucharnos y recibe con amor la nueva vida de nuestro conocimiento, en suma, siente nuestra Vida obrante y quiere hacer, y hace lo que hacemos Nosotros, nos sigue en todo. Esto es el vivir en nuestro Querer: Sentir nuestra Vida que le da vida a ella, sentir nuestro acto obrante que se mueve, respira y obra en su ser.


Éstos son nuestros habitantes celestiales, nuestra gloria en nuestra habitación; estamos como hijos y padre, lo que es nuestro es de ellos, pero lo reconocen, no son ciegos y ladrones, que no tienen ojos para mirar nuestra luz, ni oídos para escuchar nuestras premuras paternas, ni sienten nuestro acto obrante sobre de ellos; mientras que quien vive en nuestro Querer siente la virtud de nuestro acto obrante, y éste es el más grande don que podemos hacer a la criatura.


Por eso sé atenta, reconoce que tu vida viene de Nosotros, que te damos todo, el respiro, el movimiento, para hacer vida junto contigo”.



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