Mateo 4, 12-17.23-25, Vol. 26-12 (1-2) Mayo 28, 1929, "Oración de las almas íntimas Conmigo" Vol. 12-72 (2); 10 de diciembre 1918,Vol. 28, cap. 20 (2-4) agosto 2, 1930,
EVANGELIO
Mateo 4, 12-17.23-25
Lectura del santo Evangelio según San Mateo
Está cerca el reino de los cielos
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: "País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló."Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos." Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.
Palabra del Señor
Vol. 26-12 (1-2) Mayo 28, 1929
(1) Mi pequeña inteligencia no hace otra cosa que navegar en el mar interminable del Fiat Divino, y conforme forma sus olas de luz así murmura su lenguaje celestial y divino, y pone fuera sus secretos, y con palabras arcanas se manifiesta a mi pequeña alma, y muchas veces mi dulce Jesús sale de dentro de aquellas olas de luz, corre, me abraza y se pone la mano en su corazón para sostenerlo, tanto es el ímpetu de su amor porque escucha y habla de su Querer Santísimo. Ahora, mientras me encontraba en este estado, mi amado Jesús me ha dicho:
(2) “Hija de mi Querer, si supieras qué amor siento cuando me decido a hablarte de mi Fiat Divino; cada vez que te he hablado de Él, los Cielos se han abajado, tanta era la estima y la veneración que sentían, y haciendo homenaje a lo que Yo debía decir, y abajándose, todos se ponían atentos a escucharme, y mientras Yo hablaba sentían en ellos nuevas creaciones de Vidas Divinas, nuevas alegrías, nuevas bellezas, porque cuando se trata de hablarte de otros conocimientos de mi Fiat Divino, todo el Cielo siente la potencia de Él y hacen competencia en escuchar y en recibir los nuevos efectos de aquellos conocimientos. Así que cuantas veces te he hablado de mi Querer Santísimo, ha sido la fiesta de todo el Cielo, porque se sentía duplicar la felicidad, y sólo el Cielo podía contener todos los admirables efectos, las puras alegrías de un solo conocimiento de mi Fiat. Sólo así podía hablarte de Él, con el Cielo abajado para recibir sus actos reverentes y los homenajes debidos a mi Divina Voluntad. Es tanto el amor y el deseo que siento de hacerla conocer, que si fuera necesario me encarnaría de nuevo para obtener que mi Voluntad fuera conocida y reinase sobre la tierra, pero esto no es necesario, porque habiéndome encarnado una vez, mi encarnación está siempre en acto y tiene virtud de reproducir los mismos efectos como si de nuevo me encarnase. Y ha sido sólo por el decoro de mi Fiat que te he escogido, te he purificado de todo germen de corrupción, me he encerrado en tu alma, no sólo en modo espiritual sino también natural, de modo de servirme de ti como velo para cubrirme, casi como me serví de mi Humanidad como velo para esconder mi Divinidad, y para tenerte a mi disposición te he segregado de todo, te he confinado dentro de una cama y por tan largos años, para darte las sublimes lecciones sobre mi eterno Fiat y hacerte beber sorbo a sorbo sus conocimientos y su Vida. La historia larga de Él requería tiempo para narrártela y hacértela comprender. Yo puedo decir que he hecho más que en la Creación y Redención, porque mi Querer encierra la una y la otra y es principio y medio de ellas, y será fin y corona de la Creación y Redención, en modo que sin mi Voluntad, no conocida ni reinante y dominante sobre la tierra, nuestras obras serán obras sin corona e incompletas, he aquí el por qué tanto interés de hacerla conocer. Nuestras mismas obras hechas con tanto amor y magnificencia, están bajo la opresión de un gemido inenarrable, y casi bajo una humillación profunda, porque la Vida, la sustancia esencial que esconden, no es conocida aún, se conocen los velos, la exterioridad de la Creación y Redención, pero la Vida que esconden es ignorada; ¿cómo pueden dar la Vida que esconden y los bienes que poseen? Por eso nuestras obras suspiran, reclaman sus justos derechos, que sea conocida mi Divina Voluntad. ¡Ah! sí, sólo Ella será la gloria, la corona imperecedera y el cumplimiento de nuestras obras. Ahora, tú debes saber que Yo me encuentro en ti escondido, con el dolor en el corazón, como me encontraba en los últimos años, cuando mi Humanidad vivía acá abajo sobre la tierra, y Yo, Verbo del Padre estaba escondido en Ella. Después de tantos sacrificios, después de mi tanto decir y ejemplos dados, miraba la tierra, miraba los pueblos y aun a aquellos que me rodeaban sin los efectos de mi venida a la tierra, los frutos, los bienes de mi venida a la tierra escaseaban tanto, que mi corazón era torturado al sentir que me rechazaban los tantos bienes que quería darles, y acrecentaba mi dolor porque veía que habiendo cumplido en mi Humanidad lo que debía hacer para redimirlos, estaba por partir para el Cielo. Cómo es doloroso querer hacer el bien, aun a costa de la propia vida, y no encontrar a quien dar estos bienes. Ahora así me encuentro en ti, miro mis y tus sacrificios, miro el orden que he tenido, las tantas lecciones que te he dado, bastante para hacer conocer mi Divina Voluntad, para formar su reino, y si no termino de decir es porque su historia es eterna, y lo que es eterno tiene su decir eterno que no termina jamás, y que el decir de mi Fiat se eternizará en el Cielo. Miro a aquellos que te circundan y que saben lo que respecta a mi Querer, sin verdadero interés de hacer conocer tanto bien, miro tu misma humanidad que me sirve como cátedra donde imparto mis lecciones, y que tú misma no puedes negar que me sientes mover en ti sensiblemente, hablar, sufrir, y que estoy propiamente en ti para formar mi reino y hacerlo conocer; y mientras te miro veo que ni siquiera tu humanidad debe estar por largo tiempo sobre la tierra, y mi corazón siente la angustia del dolor porque el gran bien que quiere hacer mi Divina Voluntad ni siquiera es conocido, sus conocimientos están como sepultados, y que mientras quieren dar vida, felicidad, luz, quedan como encarcelados entre Yo y tú y en los escritos que con tanta ternura de amor te he hecho escribir. Por eso hija mía compadece mi dolor, adora mis disposiciones de tenerte aún sobre la tierra, Yo sé que te es muy duro y Yo te compadezco, y mientras nos compadecemos mutuamente hagamos cuanto esté en nosotros para hacer conocer mi Divina Voluntad”.
"Oración de las almas íntimas Conmigo"
Vol. 12-72 (2); 10 de diciembre 1918
(2)“Hija mía, cómo me es dulce y agradable la oración de las almas íntimas Conmigo, siento repetir mi Vida oculta en Nazaret, sin ninguna exterioridad, sin gente alrededor, sin sonido de campanas, todo inobservado, solo, tanto, que apenas si era conocido. Yo me elevaba entre el Cielo y la tierra y pedía almas, y ni siquiera un respiro ni un latido se me escapaba en que no pidiera almas, y en cuanto esto hacía, mi sonido resonaba en el Cielo y atraía el amor del Padre a cederme las almas, y este sonido haciendo eco en los corazones gritaba con voz sonora: “Almas”. Cuántas maravillas no obré en mi Vida oculta sólo conocidas por mi Padre en el Cielo y por mi Mamá en la tierra. Así el alma oculta, íntima Conmigo, en cuanto reza, si ningún sonido se escucha en la tierra, sus oraciones como campanas suenan más vibrantes en el Cielo, y llaman a todo el Cielo a unirse con ella y hacer descender misericordia a la tierra, que sonando no al oído, sino a los corazones de las criaturas, las dispongan a convertirse”.
Vol. 28, cap. 20 (2-4) agosto 2, 1930
(2) “Hija mía, todas las cosas acá abajo, tanto en el orden sobrenatural como en el orden natural, todas están veladas, sólo en el cielo están develadas, porque en la Patria Celestial no existen velos, sino que las cosas se ven como son en sí mismas, así que allá arriba no debe trabajar la inteligencia para comprenderlas, porque por sí mismas se muestran como son, y si algún trabajo hay que hacer en la bienaventurada morada, si es que se puede llamar trabajo, es el de gozar y felicitarse en las cosas que sin velos ve; en cambio acá abajo no es así, como la naturaleza humana es espíritu y cuerpo, el velo del cuerpo impide al alma el ver mis verdades, los sacramentos y todas las otras cosas están veladas. Yo mismo, Verbo del Padre, tenía el velo de mi Humanidad, todas mis palabras, mi Evangelio bajo formas de ejemplos y de semejanzas, y sólo me comprendía quien se acercaba a escucharme con la fe en el corazón, con la humildad, y con el querer conocer las verdades que Yo les manifestaba para ponerlas en práctica; haciendo esto rompían los velos que escondían mis verdades y encontraban el bien que había en ellas. Con la fe, con la humildad y con el querer conocer mis verdades, era un trabajo que hacían, y con este trabajo rompían el velo y encontraban mis verdades como son en sí mismas, y por eso quedaban atados a Mí y con el bien que contenían mis verdades. Otros que no hacían este trabajo, tocaban el velo de mis verdades, no el fruto que había dentro, por eso quedaban en ayunas, de ellas no entendían nada y dándome la espalda se alejaban de Mí.
(3) Así son mis verdades que Yo con tanto amor te he manifestado sobre mi Divina Voluntad; para hacer que resplandezcan como soles develados, cuales son, deben hacer su trabajo, el camino para tocarlas, que es la fe, deben desear quererlas conocer, rogar y humillar su inteligencia para abrirla, para hacer entrar en ellos el bien y la vida de mis verdades; si esto hacen romperán el velo y las encontrarán más que refulgente sol, de otra manera quedarán ciegos, y Yo les repetiré el dicho del Evangelio: ‘Tenéis ojos y no miráis, oídos y no escucháis, lengua y sois mudos’. Mira, también en el orden natural todas las cosas están veladas, las frutas tienen el velo de la cáscara; ¿quién tiene el bien de comerlas? Quien hace el trabajo de acercarse al árbol, de cogerlo, de quitar la cáscara que esconde el fruto, éste gusta y hace del fruto deseado su alimento; los campos están velados de paja, ¿quién toma el bien que aquella paja esconde? Quien los despoja de aquella paja tiene el bien de tomar el grano para formar el pan, para hacer de él su alimento cotidiano. En suma, todas las cosas tienen acá abajo el velo que las cubre, para dar al hombre el trabajo y la voluntad, el amor de poseerlas y gustarlas. Ahora, mis verdades superan en gran medida a las cosas naturales y se presentan a la criatura como nobles reinas veladas en acto de darse a ellas, pero quieren su trabajo, quieren que acerquen los pasos de su voluntad a ellas para conocerlas, poseerlas y amarlas, condiciones necesarias para romper el velo que las esconden, una vez roto el velo, con su luz se hacen camino por ellas mismas, dándose en posesión de quien las ha buscado. Ésta es la razón por la que quien lee las verdades sobre mi Divina Voluntad y hacen ver que no comprenden lo que leen, es más, a veces se confunden, es porque falta la verdadera voluntad de quererlas conocer, se puede decir que falta el trabajo para conocerlas, y sin trabajo no se adquiere nada, ni merecen tanto bien, y Yo con justicia les niego lo que abundantemente doy a los humildes y que suspiran el gran bien de la luz de mis verdades.
(4) Hija mía, cuántas verdades mías sofocadas por quien no ama conocerlas y no quiere hacer su pequeño trabajo para poseerlas, siento que quisieran, si pudieran, ahogarme a Mí mismo, y Yo en mi dolor estoy obligado a repetir lo que dije en mi Evangelio, y lo hago con los hechos, que quito a quien no tiene o tiene alguna pequeña cosa de mis bienes, y lo dejo en la escuálida miseria, porque éstos, no queriéndolos y no amándolos, los tendrán sin estimarlos y sin fruto, y daré más abundantemente a aquellos que tienen, porque éstos los tendrán como preciosos tesoros, que los harán fructificar siempre más”.
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