San Mateo 9,27-31 VOLUMEN I (17)


Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: "Ten piedad de nosotros, Hijo de David".

Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron y él les preguntó: "¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?". Ellos le respondieron: "Sí, Señor".

Jesús les tocó los ojos, diciendo: "Que suceda como ustedes han creído".

Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: "¡Cuidado! Que nadie lo sepa".

Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región.

4-28

Noviembre 8, 1900

La obediencia restituye al alma su estado original.


(2) “¿Me sabrías decir por qué la obediencia es tan glorificada y causa tanto honor de imprimir en el alma la imagen divina?”

(3) Yo toda confundida no he sabido qué responder, pero el bendito Jesús con una luz intelectual que me mandaba, me ha respondido Él mismo, pero como es por medio de luz y no de palabras, no tengo palabras para expresarlo, pero la obediencia quiere que lo intente para ver si logro escribirlo, aunque creo que diré disparates y escribiré cosas que no concordarán, pero pongo toda mi fe en la obediencia, especialmente que son cosas que se refieren directamente a ella, y ahora empiezo a intentarlo. Entonces parecía que me decía:

(4) “La obediencia es tan glorificada porque tiene virtud de descubrir, desde las raíces, las pasiones humanas, destruye en el alma todo lo que es terreno y material, y con gran honor suyo le restituye al alma su estado original, esto es, como fue creada por Dios en la justicia original, antes de ser arrojada del Edén terrestre, y en este sublime estado el alma se siente atraída fuertemente a todo lo que es bien, siente connatural a ella todo lo que es bueno, santo y perfecto, con un horror grandísimo aun a la sombra del mal. Con esta naturaleza feliz, recibida por la expertísima mano de la obediencia, el alma no experimenta más dificultad para seguir las órdenes recibidas, mucho más que quien manda, debe mandar siempre lo bueno, y he aquí cómo la obediencia sabe imprimir bien la imagen divina, y no sólo eso, sino cambia la naturaleza humana en la divina, porque como Dios es bueno, santo y perfectísimo, y es llevado a todo lo que es bueno y odia sumamente el mal, así la obediencia tiene virtud de divinizar la naturaleza humana y de hacerle adquirir las propiedades divinas; y cuanto más el alma se deja manejar por esta expertísima mano, tanto más adquiere de divino y destruye el propio ser. Por eso es tan glorificada y honrada, tanto que Yo mismo me sometí a ella y por ella quedé honrado y glorificado, y restituí por medio suyo el honor y la gloria a todos mis hijos que por la desobediencia habían perdido”.

VOLUMEN 2, CAP 80, PARRAFO 4 y 5 

(4) Ahora, mientras esto digo, en mi interior pienso: “¿Pero qué cosa es esta obediencia? ¿De qué está formada? ¿Cuál es el alimento que la sostiene?” Y Jesús hace oír su armoniosa voz en mi oído que dice:


(5) “¿Quieres saber qué cosa es la obediencia? La obediencia es la quintaesencia del amor; la obediencia es el amor más fino, más puro, más perfecto, extraído por el sacrificio más doloroso, cual es el destruirse a sí mismo para vivir de Dios. La obediencia, siendo nobilísima y divina, no admite en el alma nada de humano y que no sea suyo, por eso toda su atención es destruir en el alma todo lo que no pertenece a su nobleza divina, como es el amor propio, y hecho esto, poco le interesa que sea ella sola la que se esfuerce y se fatigue por lo que debería hacer el alma, y a ésta la hace reposar tranquilamente. Finalmente, la obediencia soy Yo mismo”.




VOLUMEN I

(17) Sin Fecha » Jesús le enseña a Luisa a cómo comportarse para alejar a los espíritus infernales y superar la prueba a la que se vio sometida.

A quien el Señor no a sometido a tales combates diabólicos, ciertamente le será muy difícil creer que todo esto sea posible, lo que no quita que muy a mi pesar tuve que pasar por dichas pruebas; a quien, en cambio, sí me crea, y quisiera saber como cesaron, le diré cómo mi Jesús en una ocasión, habiendo recibido la santa comunión, me ensenó el modo de obrar para alejar a estos espíritus infernales.

He aquí cómo: envilecerlos al máximo; no sólo despreciándolos y no haciéndoles caso para nada, como si fueran menos aún que insignificantes hormigas, sino que sobre todo concentrándome profundamente en Dios mediante la oración y la contemplación, y especialmente introduciéndome en las sacratísimas llagas de Jesús, uniformando mi espíritu al de Jesús, penante en su santísima humanidad para no sólo restituir al hombre la gracia perdida, sino también para elevarlo a la vida sobrenatural y al espíritu de Jesús triunfante, que en su santísima humanidad venció al mundo, a la carne y al demonio, haciéndose víctima de amor, de expiación, de reparación, de satisfacción y de propiciación ante su Padre eterno, a quien le ofrece su Corazón, en el cual palpitan de amor todos sus hijos, redimidos por su preciosísima sangre y regenerados a una nueva vida de gracia.

Y verdaderamente, apenas empecé a hacer lo que Jesús me había enseñado, me sentí invadida de tanta fuerza y valor que en pocos días fue desapareciendo todo temor. Por lo tanto, cuando los demonios hacían alboroto o ruidos, yo les decía con desprecio: "Que bien se ve que no tienen nada que hacer más que esto, pobrecillos; por eso, para pasar el tiempo, veo que se ejercitan en tales tonterías y estupideces; continúen, continúen, que cuando ya estén bien cansados podrán descansar... Yo en tanto, mis queridos tontos, tengo otras cosas muy diferentes que hacer, porqué por medio de la oración quiero hacerme camino para introducirme dentro de las sacratísimas llagas de Jesús, para poder adquirir un amor más grande al sufrimiento."

Y ellos, más enojados aún, hacían un alboroto más fuerte, se acercaban a mí y disimulando con arrogancia una violencia ficticia, fingían que se acercaban a mí para llevarme con ellos, mientras que de sus bocas infernales vomitaban un terrible mal olor y un bochorno tan sofocante, que envolviéndome totalmente me ocasionaba interiormente un escalofrío, que yo trataba de reprimir dándome valor; y con fuerza les decía:"¡Mentirosos! Fingen tener poder sobre mí para llevarme con uds., pero si fuera cierto ya lo habrían hecho desde el primer día; pero como todo esto es falso, porque todo lo que el Dios Altísimo les deja hacer es siempre para mi mayor bien, por eso siempre están uds. cantando la misma canción, hasta que un día revienten de rabia y de coraje... Mientras tanto yo me sirvo de todos sus tormentos para obtener que un mayor número de pecadores se conviertan, ya que por esta razón he aceptado de parte de mi Jesús todo sufrimiento, con la sola condición de poder aplicar mis sufrimientos a favor de esas almas, por medio de mi voluntad uniformada a la Voluntad de Dios."

Al oir estas palabras ellos se ponían a gritar y a gruñir como perros encadenados que quisieran romper las cadenas para aventársele en seguida al ladrón que se les acerca. Y yo, con más calma aún, les decía: "Bueno, ¿qué no tienen otra cosa que hacer? ¡Claro, se han equivocado totalmente! Los cálculos hechos no han dado resultado, ya que más de un alma, arrepentida, ha regresado a los brazos de mi buen Jesús; sí que tienen razón en quejarse."

Y cuando se lamentaban a grandes gritos, burlándome de ellos como si los compadeciera, les decía:"¡Pobres desdichados! No se sienten bien...; por eso quiero procurarles un verdadero remedio para sus males"; y de inmediato me postraba por tierra para pedir fervorosamente por la conversión de los pecadores más obstinados, haciendo por ellos tantos actos de amor a mi misericordioso Jesús, pidiéndole a cambio las almas más perversas; pero ellos, dándose cuenta, a cualquier costo trataban de apartarme de la oración; pero yo, aplicando los sufrimientos que me causaban para reparar tantos ultrajes que se hacen continuamente a Dios, les decía burlándome de ellos:"¡Qué raza más vil! ¿No les da vergüenza llegar a tales bajezas para infundirme temor y distraerme, a mí que no soy más que la pura nada? ¿No les parece que obrando de éste modo se les considerará como vilísimos seres dignos de burla y de desprecio?

Y ellos, mordiéndose los labios, blasfemaban y descargaban sus maldiciones contra mí, haciendo lo posible por inducirme a blasfemar y a odiar al buen Dios. Y yo, que sentía penas indescriptibles al ver cómo insultaban el nombre santo de Dios, me ponía a contemplar la bondad del Señor, quien merece ser amado de parte de las criaturas racionales con todo su amor; y por lo tanto, esa amarguísima pena que me habían procurado, yo la transformaba en alabanzas, ofreciéndoselas a Dios en reparación de las blasfemias que le hacen aquellos que no se acuerdan de él más que para blasfemarlo; y llena de fervor exclamaba: "Acepta Señor estos actos de amor y de reconocimiento, para darte satisfacción por la falta de amor y de reconocimiento con la que los pecadores te ultrajan..."


Pero con todo y eso no se detenían, tanto que se servían de todas las mañas posibles para hacer que me desesperara; y yo les decía: "No me preocupa ni el paraíso ni el infierno; solamente me importa amar y hacer amar a mi buen Dios. Este tiempo presente se me ha concedido no para estar pensando en el futuro, sino sólo para corresponder a quién me ha colmado de su bondad y de su amor, para hacérmelo siempre más propicio. El paraíso y el infierno lo pongo en sus manos, y él que es tan bueno, me dará lo que más me conviene, para poder glorificarlo siempre más... "Y además les decía: "Sepan que esta doctrina me la ha enseñado mi buen maestro Jesucristo, quién me ha hecho saber que el modo más seguro para ganarse el paraíso es manifestar continuamente el nunca querer tener la voluntad de ofender a Dios, aún a costa de la propia vida; como también el despreciar todo escrúpulo vano de haber obrado mal cuando sin embargo faltaba para ello la voluntad, lo que, mis queridos desdichados, no es más que harina de su costal que quieren despachar a los ignorantes para sembrar en su alma dudas y temores, no para que amen más a Dios, sino para arrojarlos a la desesperación total... Pero sepan que no es mi intención perder el tiempo pensando si he hecho bien o mal, pues me basta no haber retirado la intención de siempre querer amarlo más; ante cualquier duda de haber ofendido a Dios me basta el que yo haya afirmado lo contrario y esto me da la verdadera calma y la paz, y me libra de todo temor; y mi alma se siente más libre para recorrer los cielos en busca de mi único y sumo Bien. "¿Quién pudiera decir la rabia que les dio a los demonios al ver que todas sus artimañas y astucias les causaban daño y confusión a ellos mismos y que cuando creían que iban a salir ganando salían en cambio perdiendo?

Así, mi alma, en vez de haber salido perdiendo a causa de las tentaciones y astucias del demonio, sentía que iba adquiriendo un amor más ardiente a Dios y al prójimo; porque siguiendo las enseñanzas que mi dulce Jesús me había dado, cuando ellos me golpeaban, yo, humillándome, dando gracias a Dios y aceptando todo lo que sufría como una penitencia por mis pecados, lo ofrecía también como actos de amor, de expiación y de reparación por tantas ofensas que continuamente se hacen en el mundo.

Y muy seguido, cuando los demonios me asaltaban con tentaciones de suicidio, les decía: "Ni a uds. ni a mí nos ha sido dado el poder destruir la propia vida; a uds. sólo se les ha permitido atormentarme para yo poder salir ganando siempre más, pero no tienen la facultad para quitarme la vida, y yo, además, muy a su pesar, quiero vivir siempre en Dios, para poder amarlo siempre más y ser siempre útil en el socorrer espiritualmente a mi prójimo, para quien aplico todo lo que me es concedido sufrir de parte de uds."

Finalmente entendieron que para ellos ya no había esperanzas de poder obtener algo, es más, se dieron cuenta de que perdían una gran cantidad de almas, por eso comenzaron a hacer grandes intervalos, para reanudar los duros combates cuando yo menos me lo esperaba.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

EL NUEVO PENTECOSTÉS DÍA DE LA DIVINA VOLUNTAD DOCTOR SALVADOR TOMASINI