San Mateo 18, 12-14 Vol.26 cap.5 Abril 28, 1929

 San Mateo 18, 12-14 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”.

Mt 18, 13"De cierto os digo que si la encuentra, se regocijará"


Vol.26 cap.5 Abril 28, 1929 

El Fiat Divino vuelve inseparable a la criatura de Dios. Desbordamiento divino por la criatura.  Todo está al seguro en quien vive en el Fiat, y todo está en peligro en quién hace la voluntad humana.

Estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino para seguir sus actos en la Creación, y habiendo llegado al Edén, mi pobre mente se ha detenido en el acto cuando creaba al hombre, e infundiéndole el aliento le infundía la vida, y rogaba a Jesús que diera el aliento a mi pobre alma para infundirme el primer aliento divino de la Creación, a fin de que con su aliento regenerador pudiese recomenzar mi vida toda en el Fiat, de acuerdo a la finalidad para la que me habían creado.  Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, como en acto de querer infundirme su aliento y me ha dicho:

“Hija mía, es nuestra Voluntad que la criatura vuelva a subir a nuestro seno, entre nuestros brazos creadores para darle nuevamente nuestro aliento continuado, y en este aliento darle la corriente que genera todos los bienes, alegrías y felicidad, pero para poder dar este aliento, el hombre debe vivir en nuestro Querer, porque sólo en Él lo puede recibir, y Nosotros darlo.  Nuestro Fiat tiene tal virtud, de volver inseparable a la criatura de Nosotros, y lo que Nosotros somos y hacemos por naturaleza, ella lo puede hacer por gracia.  Nosotros al crear al hombre no lo poníamos separado de Nosotros, y para tenerlo junto le dábamos nuestra misma Voluntad Divina, la cual le daría el primer acto para obrar junto con su Creador; fue esta la causa de que nuestro amor, nuestra luz, nuestras alegrías, la potencia y belleza nuestras regurgitaron todas juntas, y desbordando fuera de nuestro Ser Divino poníamos la mesa a aquél que habíamos formado con tanto amor con nuestras manos creadoras y generado con nuestro mismo aliento.  Queríamos gozarnos nuestra obra, verlo feliz con nuestra misma felicidad, embellecido con nuestra belleza, rico de nuestra riqueza, mucho más que era Voluntad nuestra el estarnos junto con la criatura, obrar juntos y entretenernos junto con ella; los juegos no se pueden hacer de lejos, sino de cerca.  Entonces, por necesidad de creación y para mantener integra nuestra obra y la finalidad con la cual la habíamos creado, el único medio era dotar al hombre de Voluntad Divina, la cual lo habría conservado como salió de nuestras manos creadoras, y él habría gozado todos nuestros bienes, y Nosotros debíamos gozar porque él era feliz.  Por eso no hay otros medios para hacer que el hombre regrese a su puesto de honor, y que entre de nuevo a obrar junto con su Creador, y que se entretengan mutuamente, que entrar de nuevo en nuestro Fiat, a fin de que nos lo lleve triunfante a nuestros brazos que lo están esperando para estrecharlo fuerte a nuestro seno divino, y decirle:  ‘Finalmente, después de seis mil años has vuelto, has andado errante, has probado todos los males, porque no hay bien sin nuestro Fiat, has probado suficientemente y tocado con la mano lo que significa salir de Él, por eso no salgas más y ven a reposarte y a gozar lo que es tuyo, porque en nuestro Querer todo te fue dado’.  Por lo tanto hija mía, sé atenta, todo te daremos si vives siempre en nuestro Fiat, nuestro aliento tomará placer en darse siempre a ti, para darte nuestras alegrías, nuestra luz, nuestra santidad, y comunicarte la actitud de nuestras obras, a fin de que siempre podamos tener junto a la pequeña hija regenerada por nuestra Divina Voluntad”.

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