Mateo 21,28-32. VOl. IV (83) Septiembre 4, 1901 vol. 29-42(2) vol. 25-12 (2)
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
"¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: 'Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña'.
El respondió: 'No quiero'. Pero después se arrepintió y fue.
Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: 'Voy, Señor', pero no fue.
¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?". "El primero", le respondieron. Jesús les dijo: "Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios.
En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él".
VOLUMEN IV(83) Septiembre 4, 1901
Ardores del corazón de Jesús por la gloria de la Majestad Divina y por el bien de las almas.
Mi adorable Jesús continúa viniendo, y esta mañana apenas lo he visto, sentía un ansia de preguntarle si me había perdonado mis pecados, por eso le he dicho: "Dulce amor mío, cuánto anhelo oír de tu boca si me has perdonado mis tantos pecados." Y Jesús se ha acercado a mi oído, y con su mirada parecía que escrutase todo mi interior y me ha dicho:
"Todo está perdonado y te los remito, no te queda otra cosa que algunos defectos cometidos por ti inadvertidamente, y también te los remito."
Después de esto parecía que Jesús se ponía a mis espaldas y tocándome los riñones con su mano me los fortificaba. ¿Quién puede decir lo que sentía con aquel toque? Solamente sé decir que sentía un fuego refrigerante, una pureza unida a una fuerza; después que me tocó los riñones le he pedido que hiciera lo mismo al corazón, y Jesús para complacerme ha condescendido, y después me parecía como si Jesús bendito estuviera cansado por causa mía y le he dicho: "Dulce vida mía, estás cansado por causa mía, ¿no es verdad?"
Y Él: "Sí. Al menos sé agradecida por las gracias que te estoy haciendo, porque la gratitud es la llave para poder abrir a placer los tesoros que Dios contiene. Pero debes saber que esto que he hecho te servirá para preservarte de la corrupción, para corroborarte y para disponer tu alma y tu cuerpo a la gloria eterna."
Después de esto parecía que me transportase fuera de mí misma y me hacía ver la multitud de las gentes y el bien que podían hacer y no hacen, y por lo tanto la gloria que Dios debe recibir y no recibe, y Jesús todo afligido ha agregado:
"Amada mía, mi corazón arde por el honor de mi gloria y por el bien de las almas. Por todo el bien que omiten, tantos vacíos recibe mi gloria, y sus almas aunque no hicieran el mal, no haciendo el bien que podrían hacer son como aquellas habitaciones vacías, que si bien son bellas, pero no hay nada para admirar que atraiga la mirada, y por tanto ninguna gloria recibe el dueño; y si hacen un bien y otro lo omiten, son como aquellas habitaciones todas despobladas, en que apenas algún objeto se descubre sin ningún orden. Amada mía, entra a tomar parte de estas penas, de los ardores que mi corazón siente por la gloria de la Majestad Divina y por el bien de las almas, trata de llenar estos vacíos de mi gloria, y podrás hacerlo no dejando pasar momento de tu vida que no esté unido con la mía, esto es, en todas tus acciones, sea oración o sufrimiento, reposo o trabajo, silencio o conversación, tristeza o alegría, aun el alimento que tomes, en suma, en todo lo que te pueda suceder pondrás la intención de darme toda la gloria que en tales acciones deberían darme y de suplir al bien que deberían hacer y no hacen, intentando repetir la intención por cuanta gloria no recibo y por cuanto bien omiten. Si esto haces llenarás en algún modo el vacío de la gloria que debo recibir de las criaturas, y mi corazón sentirá un refrigerio a mis ardores, y por este refrigerio correrán ríos de gracia en provecho de los mortales, que les infundirán mayor fuerza para hacer el bien."
Después de esto me he encontrado en mí misma.
Vol. 17-25 (2,3)
(2) “Hija mía, nadie puede ser aceptable a Mí sin la prueba. Si no hubiera estado la prueba habría tenido una Madre esclava, no libre, y la esclavitud no entra en nuestras relaciones ni en nuestras obras, ni puede tomar parte en nuestro libre amor. Mi Mamá tuvo su primera prueba desde el primer instante de su Concepción, en cuanto tuvo su primer acto de razón, conoció su voluntad humana por una parte y la Voluntad Divina por la otra, y fue dejada libre para elegir a cuál de las dos voluntades debía adherirse, y Ella, sin perder un instante y conociendo toda la magnitud del sacrificio que hacía, nos donó su voluntad sin quererla conocer más, y Nosotros le hicimos don de la nuestra, y en este intercambio de donación de voluntades por ambas partes, concurrieron todos los méritos, las bellezas, los prodigios, los mares inmensos de gracia en la Inmaculada Concepción de la más privilegiada de todas las criaturas.
(3) Es siempre la voluntad la que tengo costumbre de probar; todos los sacrificios, aun la muerte, sin la voluntad me darían asco y no atraerían ni siquiera una de mis miradas. ¿Pero quieres saber tú cuál fue el más grande prodigio obrado por Nosotros en esta criatura tan santa, y el más grande heroísmo que ninguno, ninguno podrá jamás igualar de tan bella criatura? Su vida la comenzó con nuestra Voluntad, la siguió y la cumplió, así que se puede decir que cumplió desde que comenzó, y comenzó desde que cumplió; y nuestro más grande prodigio fue que en cada pensamiento suyo, palabra, respiro, latido, movimiento y paso, nuestro Querer desahogaba sobre de Ella y Ella nos ofrecía el heroísmo de un pensamiento, de una palabra, de un respiro, de un latido divino y eterno obrante en Ella, esto la elevaba tanto, que lo que Nosotros éramos por naturaleza, Ella lo era por gracia; todas sus demás prerrogativas, sus privilegios, su misma Inmaculada Concepción, habrían sido un bello nada en comparación de este gran prodigio; más bien, fue esto lo que la confirmó y la volvió estable y fuerte durante toda su vida. Mi Voluntad continua, desbordante sobre de Ella, le participaba la Naturaleza Divina, y su continuo recibirla la hizo fuerte en el amor, fuerte en el dolor, distinta entre todos. Fue esta nuestra Voluntad obrante en Ella la que atrajo al Verbo a la tierra, lo que formó la semilla de la fecundidad divina para poder concebir un Hombre y Dios sin obra humana, y la hizo digna de ser Madre de su mismo Creador. Por eso Yo insisto siempre sobre mi Voluntad, porque conserva al alma bella como salió de nuestras manos, la hace crecer como copia original de su Creador; y por cuantas obras grandes y sacrificios uno pueda hacer, si mi Voluntad no entra dentro, Yo los rechazo, no los reconozco, no es alimento para Mí; y las obras más bellas sin mi Voluntad llegan a ser alimento de la voluntad humana, de la propia estima y de la avidez de la criatura”.
vol. 29-42(2)
(2) “Mi buena hija, sólo mi Querer mantiene y conserva intacto, con un acto continuo, el principio de la creación de la criatura. Nuestro Ente Supremo daba el principio y animaba su vida con la potencia de nuestro aliento divino, este aliento no debía jamás ser interrumpido, mucho más que cuando Nosotros damos y hacemos un acto no lo retiramos jamás, y esto sirve para formar obras completas del ser que sacamos a la luz. Este nuestro primer acto, mientras sirve para dar principio y formar la vida, la continuación sirve para hacer de la criatura un acto nuestro completo, y conforme le damos el aliento así formamos en ella nuestros actos continuos para completar nuestra Vida Divina. Nuestro aliento, en cuanto lo damos, forma paso a paso el crecimiento de esta Vida nuestra en la criatura; nuestro aliento, en cuanto se da, así forma nuestro acto completo de santidad, de belleza, de amor, de bondad, y así de lo demás, y cuando la hemos llenado tanto, de modo que no tenemos más dónde poner del acto nuestro en la criatura, porque ella es limitada, nuestro aliento cesa y termina su vida en la tierra, y para eternizar nuestro aliento en el Cielo, transportamos nuestra Vida formada en ella, nuestro acto completo, a nuestra patria celestial como triunfo de nuestra Creación. No hay cosas más bellas que estas vidas y actos completos nuestros en la celestial morada, ellas son las narradoras de nuestra potencia, del ímpetu de nuestro amor, son voces que hablan de nuestro aliento omnipotente, que era el único que podía formar la Vida Divina, nuestro acto completo en la criatura. ¿Pero sabes tú dónde podemos formar esta Vida y este nuestro acto completo, por cuanto a criatura es posible e imaginable de recibir de su Creador? ¡Ah! sólo en el alma que vive en nuestra Divina Voluntad y se hace dominar por Ella, sólo en ella podemos formar la Vida Divina y desarrollar nuestro acto completo; nuestro Querer dispone a la criatura a recibir todas las cualidades y colores divinos, y nuestro aliento jamás interrumpido, como pincel expertísimo pinta con maestría admirable e inimitable los más bellos matices y forma las copias de nuestro Ser Supremo; si no fuera por estas copias no habría sido una gran cosa la obra de la Creación, ni una gran obra de la potencia de nuestras manos creadoras; crear el sol, el cielo, las estrellas y todo el universo habría sido una bella nada para nuestra potencia, por el contrario, toda nuestra potencia, el arte de nuestras artes divinas, el indescriptible exceso de nuestro intenso amor, es hacer nuestro acto completo en la criatura, con formar nuestra Vida en ella, y es tanta nuestra complacencia, que Nosotros mismos quedamos raptados en nuestro acto que desarrollamos. Para Nosotros hacer un acto completo es la gloria más grande, que más nos glorifica; es el amor más intenso, que más nos ensalza; es la potencia que nos alaba continuamente. Pero ¡ay de Mí! Para quien no vive en nuestro Querer, cuántos actos nuestros interrumpidos, sin cumplimiento, cuántas Vidas Divinas nuestras apenas concebidas, o a lo más nacidas, sin crecer. Interrumpen la continuación de nuestro trabajo y nos atan los brazos sin poder seguir adelante, nos ponen en la impotencia de un señor que tiene su terreno y le es impedido por sus siervos ingratos hacer el trabajo que se requiere en su terreno, de sembrarlo, de sembrar las plantas que quiere, pobre señor, tener el terreno estéril sin el fruto que podría recibir, por causa de sus siervos inicuos. Nuestro terreno son las criaturas, y el siervo ingrato es el querer humano, que oponiéndose al nuestro nos pone en la impotencia de formar nuestra Vida Divina en ellas. Ahora tú debes saber que en el Cielo no se entra si no se posee nuestra Vida Divina, o al menos concebida o nacida, y tal será la gloria, la bienaventuranza del bienaventurado, por cuanto crecimiento ha formado de nuestra Vida en él. Ahora, ¿cuál será la diferencia de quien apenas ha sido concebida, nacida, o crecida en pequeñas proporciones, con quien nos ha hecho formar Vida completa? Será tanta la diferencia que se vuelve incomprensible a la criatura humana. Aquellos serán como el pueblo del reino celestial, en cambio nuestras copias serán como príncipes, ministros, la corte noble, el ejército real del gran Rey. Por eso quien hace mi Divina Voluntad y vive en Ella, puede decir: Hago todo y pertenezco aun desde esta tierra a la familia de mi Padre Celestial”.
vol. 25-12 (2)
(2) “Hija mía, ¿quieres saber el por qué? Porque la Divina Voluntad tuvo el principio de su Vida en la niña Celestial, por lo tanto, el principio de todos los bienes en todas las criaturas. No hay bien que en mi Divina Voluntad no comience, descienda y ascienda a su fuente. Entonces, esta Celestial niña habiendo comenzado su vida en el Fiat Divino desde su Inmaculada Concepción, y siendo Ella de la estirpe humana, con mi Voluntad adquirió la Vida Divina y con su humanidad poseía el origen humano. Entonces tuvo la potencia de unir lo divino y lo humano y dio a Dios lo que el humano no le había dado y negado, cual era su voluntad, y dio a los hombres el derecho de poder ascender a los abrazos de su Creador. Con la potencia de nuestro Fiat que tenía en su poder ataba a Dios y a los hombres. Así que toda la Creación, Cielo y tierra, y hasta el infierno, sintieron en la Inmaculada Concepción de esta Virgen niña, recién nacida apenas en el seno de su mamá, la fuerza del orden que Ella ponía en toda la Creación, con mi Voluntad se hermanaba con todos, se abrazaba con todos, amaba todo y a todos, y todos la suspiraban, la amaban y se sentían honrados de adorar en esta privilegiada criatura a la Divina Voluntad. ¿Cómo no debía festejar toda la Creación, pues hasta entonces el hombre había sido el desorden entre todas las cosas creadas, ninguno había tenido el coraje, el heroísmo de decir a su Creador: ‘No quiero conocer mi voluntad, te la entrego en don, quiero por vida solamente a tu Querer Divino?’ En cambio esta Virgen Santa donó su voluntad para vivir de la Divina, y por eso toda la Creación sintió la felicidad del orden que por su medio le venía restituida, e hicieron competencia el cielo, el sol, el mar y todos, para honrar a Aquélla que poseyendo mi Fiat, daba el beso del orden a todas las cosas creadas; y mi Querer Divino le ponía en la mano el cetro de Reina Divina y le ceñía la frente con la corona de mando, constituyéndola Emperatriz de todo el universo”.
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