Mateo 1,1-17 Giros en la Divina Voluntad; Sexta hora 27-8 Octubre 21, 1929 28-26 Septiembre 30, 1930 Vol.28 cap.26 Septiembre 30, 1930
Evangelio según San Mateo 1,1-17.
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón;
Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.
Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;
Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá;
Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías.
Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;
Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías;
Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;
Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor.
Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud;
Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
- Jesús mío, vida mía, no te dejaré solo en tu dolor; de tu Querer yo no saldré jamás, prometo solemnemente no querer hacer jamás mi voluntad, es más, la ato a los pies de tu trono para que no la pueda conocer más. Ella te ofrecerá profunda y continua reparación por la rebelión que Adán y Eva hicieron a tu adorable Voluntad; y al mismo tiempo, yo mismo, uniformándome totalmente a tu Querer, que es el único que quiero reconocer, me fundo Contigo.
- Dulcísima Vida mía, por el triunfo de tu Divino Querer, yo quiero imprimir en cada acto de pensamiento, comenzando desde el primero que tuvo Adán hasta el último que tendrán las criaturas sobre la tierra, mi «te amo», mi reparación, la gloria que te debemos, y te pido en cada uno de ellos el Reino de tu Voluntad. ¡Concédenos, oh Señor, que todas las inteligencias comprendan qué cosa significa cumplir la Voluntad de Dios, y que todos la hagan reinar y dominar!
- Quiero sellar cada una de las miradas de las criaturas, cada una de sus palabras, con mi «te amo», con mi reparación, y con el anhelo que tengo de tu Reino. En cada obra, en cada paso y latido de los hombres, yo quiero repetirte: «¡Te amo y te reparo por todos los pecados que se cometen; venga, venga al mundo el Reino de tu Fiat Divino!
- Quedándome en tu Divina Voluntad quiero suplir a toda la gloria, a todo el amor que te deberían haber ofrecido las criaturas si hubieran vivido todas en tu Querer, y a nombre de ellas te pido tu Reino.
- Oh Jesús, visito ahora los principales personajes del Antiguo Testamento, y medito en sus vidas los prodigios de tu Divina Voluntad. Imprimo entonces mi «te amo» sobre el sacrificio de Abraham y sobre la obediencia de Isaac, para implorar por medio de ellos el Reino de tu Querer Divino.
- Imprimo mi «te amo» sobre el dolor de Jacob, sobre la tristeza y sobre la gloria de José, y con ellos te pido tu Reino. Pongo mi «te amo» sobre la potencia de los milagros de Moisés, sobre la fuerza de Sansón, sobre la santidad de David, sobre la paciencia de Job; y por todos esos rayos de luz que les mandó tu Voluntad, te pido que reine tu Querer Divino ¡Observa, Amor mío, cómo voy buscando a través de los siglos los actos de tu Voluntad en todas las criaturas para pedirte, por medio de ellas, que tu Fiat sea conocido, amado y querido por todos!
- Oh Jesús, girando sobre cada uno de los profetas, y sobre cada una de las revelaciones que les haces, cubro a todos y a todo con mi «te amo, te bendigo, te agradezco», y te pido el Reino de tu Querer. Cada promesa que hiciste, cada revelación que manifestaste acerca de tu venida a la tierra, fue un compromiso que hiciste; por eso, al Reino de tu Redención venía ligado el de tu Voluntad ¿Por qué entonces, Amor mío, no te apresuras? Tú no sabes hacer tus obras a mitad, ni das tus riquezas solamente en parte, por eso, date prisa. Si mediante tu Redención nos donaste la mitad de tus bienes, completa ahora tu obra: Haz que tu Voluntad impere y domine en medio de las criaturas.
28-26
Septiembre 30, 1930
(3) Después continuaba siguiendo el orden que la Divina Voluntad había tenido en la Creación, y mi pequeña y pobre inteligencia se detuvo en el punto cuando Dios creó a la Virgen Inmaculada, y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, todos los actos buenos y santos de los profetas, patriarcas, y del pueblo antiguo, formaron el terreno donde el Ente Supremo sembró la semilla para hacer desarrollar la Vida de la Celestial niña María, porque su germen fue tomado de la estirpe humana. La Virgen, teniendo en Sí la Vida obrante de la Divina Voluntad, amplió este terreno con sus actos, lo fecundó y divinizó, hizo correr en él, más que lluvia benéfica y restauradora, la santidad de sus virtudes, el calor de su amor, y dardeándolo con la luz del Sol de la Divina Voluntad que poseía como propia, preparó el terreno para desarrollar al Celestial Salvador, y nuestra Divinidad abrió el cielo e hizo llover el Justo, el Santo, el Verbo, dentro de este brote, y así fue formada mi Vida Divina y humana para formar la Redención del genero humano. Mira entonces, en todas nuestras obras dirigidas a bien de las criaturas queremos encontrar un apoyo, un lugar, un pequeño terreno dónde poner nuestra obra y el bien que queremos dar a las criaturas, de otra manera, ¿dónde la ponemos? ¿En el aire? ¿Sin que al menos uno lo sepa y que nos atraiga con sus actos formando su pequeño terreno, y Nosotros como celestial sembrador sembrar el bien que queremos dar? Si esto no fuese, que de ambas partes, Creador y criatura, la formaran juntos, ella preparándose con sus pequeños actos para recibir, y Dios con el dar, sería como si nada hiciéramos o quisiéramos dar a la criatura. Así que los actos de la criatura preparan el terreno al Sembrador Divino; si no hay tierra no hay que esperar la siembra, ninguno va a sembrar si no tiene un pequeño terreno, mucho menos Dios, Sembrador Celestial, arroja la semilla de sus verdades, el fruto de sus obras, si no encuentra el pequeño terreno de la criatura. La Divinidad para obrar, primero se quiere poner de acuerdo con el alma, después de que lo hemos hecho y vemos que ella quiere recibir aquel bien, hasta rogarnos y formarnos el terreno donde ponerlo, entonces con todo amor lo damos, de otra manera sería exponer a la inutilidad nuestras obras”.
Vol.28 cap.26 Septiembre 30, 1930
“El Edén, campo de luz. Diferencia entre quien obra en la Divina Voluntad y quien obra en el humano querer. El pequeño terreno de la criatura; el sembrador Celestial.
Después continuaba siguiendo el orden que la Divina Voluntad había tenido en la Creación, y mi pequeña y pobre inteligencia se detuvo en el punto cuando Dios creó a la Virgen Inmaculada, y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
“Hija mía, todos los actos buenos y santos de los profetas, patriarcas, y del pueblo antiguo, formaron el terreno donde el Ente Supremo sembró la semilla para hacer desarrollar la Vida de la Celestial niña María, porque su germen fue tomado de la estirpe humana. La Virgen, teniendo en Sí la Vida obrante de la Divina Voluntad, amplió este terreno con sus actos, lo fecundó y divinizó, hizo correr en él, más que lluvia benéfica y restauradora, la santidad de sus virtudes, el calor de su amor, y dardeándolo con la luz del Sol de la Divina Voluntad que poseía como propia, preparó el terreno para desarrollar al Celestial Salvador, y nuestra Divinidad abrió el cielo e hizo llover el Justo, el Santo, el Verbo, dentro de este brote, y así fue formada mi Vida Divina y humana para formar la Redención del género humano. Mira entonces, en todas nuestras obras dirigidas a bien de las criaturas queremos encontrar un apoyo, un lugar, un pequeño terreno dónde poner nuestra obra y el bien que queremos dar a las criaturas, de otra manera, ¿dónde la ponemos? ¿En el aire? ¿Sin que al menos uno lo sepa y que nos atraiga con sus actos formando su pequeño terreno, y Nosotros como celestial sembrador sembrar el bien que queremos dar? Si esto no fuese, que de ambas partes, Creador y criatura, la formaran juntos, ella preparándose con sus pequeños actos para recibir, y Dios con el dar, sería como si nada hiciéramos o quisiéramos dar a la criatura. Así que los actos de la criatura preparan el terreno al Sembrador Divino; si no hay tierra no hay que esperar la siembra, ninguno va a sembrar si no tiene un pequeño terreno, mucho menos Dios, Sembrador Celestial, arroja la semilla de sus verdades, el fruto de sus obras, si no encuentra el pequeño terreno de la criatura. La Divinidad para obrar, primero se quiere poner de acuerdo con el alma, después de que lo hemos hecho y vemos que ella quiere recibir aquel bien, hasta rogarnos y formarnos el terreno donde ponerlo, entonces con todo amor lo damos, de otra manera sería exponer a la inutilidad nuestras obras”.
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