Mateo 11, 11-15 VOL 16-29 Noviembre 10, 1923



PARA ANTES DE LA LECTURA 

Mateo 11, 11-15 

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: “Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. Porque todos los profetas y la ley profetizaron, hasta Juan; y si quieren creerlo, él es Elías, el que habría de venir. El que tenga oídos que oiga”.

523 San Juan Bautista es el precursor (cf. Hch 13, 24) inmediato del Señor, enviado para prepararle el camino (cf. Mt 3, 3). "Profeta del Altísimo" (Lc 1, 76), sobrepasa a todos los profetas (cf. Lc 7, 26), de los que es el último (cf. Mt 11, 13), e inaugura el Evangelio (cf. Hch 1, 22; Lc 16,16); desde el seno de su madre ( cf. Lc 1,41) saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser "el amigo del esposo" (Jn 3, 29) a quien señala como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29). Precediendo a Jesús "con el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1, 17), da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio (cf. Mc 6, 17-29).


524 Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida (cf. Ap 22, 17). Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al deseo de éste: "Es preciso que él crezca y que yo disminuya" (Jn 3, 30).



608 Juan Bautista, después de haber aceptado bautizarle en compañía de los pecadores (cf. Lc 3, 21; Mt 3, 14-15), vio y señaló a Jesús como el "Cordero de Dios que quita los pecados del mundo" (Jn 1, 29; cf. Jn 1, 36). Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Is 53, 7; cf. Jr 11, 19) y carga con el pecado de las multitudes (cf. Is 53, 12) y el cordero pascual símbolo de la redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12, 3-14; cf. Jn 19, 36; 1 Co 5, 7). Toda la vida de Cristo expresa su misión: "Servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mc 10, 45).


Juan, Precursor, Profeta y Bautista


717 "Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. (Jn 1, 6). Juan fue "lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre" (Lc 1, 15. 41) por obra del mismo Cristo que la Virgen María acababa de concebir del Espíritu Santo. La "Visitación" de María a Isabel se convirtió así en "visita de Dios a su pueblo" (Lc 1, 68).


718 Juan es "Elías que debe venir" (Mt 17, 10-13): El fuego del Espíritu lo habita y le hace correr delante [como "precursor"] del Señor que viene. En Juan el Precursor, el Espíritu Santo culmina la obra de "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc 1, 17).


719 Juan es "más que un profeta" (Lc 7, 26). En él, el Espíritu Santo consuma el "hablar por los profetas". Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (cf. Mt 11, 13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la "voz" del Consolador que llega (Jn1, 23; cf. Is 40, 1-3). Como lo hará el Espíritu de Verdad, "vino como testigo para dar testimonio de la luz" (Jn 1, 7; cf. Jn 15, 26; 5, 33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las "indagaciones de los profetas" y la ansiedad de los ángeles (1 P 1, 10-12): "Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios [...] He ahí el Cordero de Dios" (Jn 1, 33-36).


720 En fin, con Juan Bautista, el Espíritu Santo, inaugura, prefigurándolo, lo que realizará con y en Cristo: volver a dar al hombre la "semejanza" divina. El bautismo de Juan era para el arrepentimiento, el del agua y del Espíritu será un nuevo nacimiento (cf. Jn 3, 5).

16-29

Noviembre 10, 1923

Cómo es bella la pequeñez.  El Señor obra las cosas más grandes con los pequeños:  Para la Redención se sirvió de la pequeñez de la Santísima Virgen, y para el Fiat Voluntas Tua de la pequeñez de Luisa.

(1) Estaba abandonándome toda en los brazos de mi dulce Jesús, y mientras oraba veía a mi pobre alma pequeña, pequeña, pero de una pequeñez extrema y pensaba entre mí:  “Cómo soy pequeña, tenía razón Jesús en decirme que yo era la más pequeña de todos, quisiera verdaderamente saber si entre todos yo soy la más pequeña”.  Ahora, mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior me hacía ver que tomaba en sus brazos a esta pequeña y se la estrechaba fuerte a su corazón, y ella se dejaba hacer lo que Jesús quería, y me ha dicho:


(2) “Mi querida pequeñita, te he escogido pequeña porque los pequeños se dejan hacer lo que se quiere, no caminan por sí mismos, sino que se hacen conducir, es más, tienen miedo de dar un paso por sí solos; si reciben dones, sintiéndose incapaces de custodiarlos los depositan en el regazo de la mamá; los pequeños están despojados de todo, no se ocupan de si son ricos o pobres, no se preocupan de nada.  ¡Oh! cómo es bella la edad infantil, llena de gracia, de belleza y de frescura.  Por eso, por cuanto más grande es la obra que quiero realizar en un alma, tanto más pequeña la escojo, me gusta mucho la frescura y la belleza infantil, me gusta tanto que la conservo en la pequeñez de la nada, de donde ha salido, nada de propio hago entrar en ella para no hacerle perder su pequeñez y así conservarle la frescura y la belleza divina, de donde ha salido”.

(3) Entonces yo al oír esto he dicho:  “Jesús, amor mío, me parece que soy muy mala, y por eso soy tan pequeña, y Tú dices que me amas mucho porque soy pequeña, ¿cómo puede ser?”

(4) Y Jesús de nuevo:  “Pequeñita mía, en los verdaderos pequeños no puede entrar la maldad, ¿sabes tú cuándo comienza a entrar el mal, el crecimiento?  Cuando comienza a entrar el propio querer.  A medida que éste entra, la criatura comienza a llenarse y a vivir de sí misma, y el Todo sale de la pequeñez de la criatura, y a ella le parece que su pequeñez se engrandece, pero grandeza de llorar, no viviendo Dios del todo en ella, se aparta de su principio, deshonra su origen, pierde la luz, la belleza, la santidad, la frescura de su Creador, parece que crece ante sí misma y quizá ante los hombres, pero ante Mí, ¡oh! cómo decrece, tal vez se hará grande, pero no será jamás mi pequeña predilecta, a la cual, llevado de amor hacia ella porque se conserva como la he creado, la lleno de Mí y la hago la más grande, a la cual ninguno podrá igualar.  Esto hice con mi Mamá Celestial, entre todas las generaciones Ella es la más pequeña, porque no entró jamás su querer, como obrante en Ella, sino siempre mi Querer eterno, y esto no sólo la conservó pequeña, bella, fresca, como había salido de Nosotros, sino que la hizo la más grande de todos.  ¡Oh! cómo era bella, pequeña por sí misma, grande, superior a todos en virtud nuestra, y fue sólo por su pequeñez por lo que fue elevada hasta la altura de Madre de Aquél que la formó.  Así que, como ves, todo el bien del hombre es hacer mi Voluntad, todo el mal es hacer la suya; por esto para venir a redimir al hombre elegí a mi Madre, por pequeña; y por medio suyo me serví de Ella como canal para hacer descender sobre el género humano todos los bienes y los frutos de la Redención.

(5)Ahora, para hacer que mi Querer sea conocido, para abrir el Cielo y hacer descender mi Querer sobre la tierra y hacerlo reinar como en el Cielo, debía escoger otra pequeña entre todas las generaciones.  Siendo la obra más grande que quiero hacer:  ‘La reintegración del hombre a su principio de donde salió.’  Abrirle aquel Querer Divino que él rechazó, abrirle los brazos para recibirlo de nuevo en el seno de mi Voluntad, mi infinita sabiduría llama de la nada a la más pequeña.  Era justo que fuera pequeña, si a una pequeña puse a la cabeza de la Redención, a otra pequeña debía poner a la cabeza del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo en la tierra.  Entre estas dos pequeñas debía encerrar la finalidad de la creación del hombre, debía realizar mis designios sobre él; por medio de una debía redimirlo, lavarlo con mi sangre de sus fealdades, darle el perdón; por medio de la otra debía hacerlo regresar a su principio, a su origen, a la nobleza perdida, a los vínculos de mi Voluntad por él destrozados, admitirlo de nuevo a la sonrisa de mi Eterna Voluntad, a besarse juntas su voluntad con la mía y hacer vida una en la otra; era ésta la única finalidad de la creación del hombre, y a lo que Yo he establecido nadie podrá oponerse, pasarán siglos y siglos como en la Redención, así también en esto, pero el hombre regresará en mis brazos como fue creado por Mí.  Pero para hacer esto debo primero elegir a quien debe ser la primera que haga vida en mi Eterno Querer, vincular en ella todas las relaciones de la Creación, vivir con ella sin ninguna ruptura de voluntad, más bien la suya y la Nuestra siendo una sola, por eso la necesidad de que sea la más pequeña que Nosotros hayamos hecho salir en la Creación, para que viéndose tan pequeña huya de su querer, más bien lo ate tan estrechamente al nuestro para no hacer jamás el suyo, y si bien pequeña viva junto con Nosotros con aquel mismo aliento con el que creamos al hombre.  Nuestro Querer la conserva fresca, bella, y ella forma nuestra sonrisa, nuestro entretenimiento, y hacemos de ella lo que queremos.  ¡Oh! cómo ella es feliz, y gozando de su pequeñez y de su feliz suerte llorará por sus hermanos, y de nada más se ocupará que de rehacernos por todos y por cada uno, por todas las ofensas que nos hacen con sustraerse de nuestra Voluntad.  Las lágrimas de quien vive en nuestro Querer serán potentes, mucho más que ella no quiere sino lo que Nosotros queremos, y por medio suyo abriremos junto al primer canal de la Redención, el segundo del Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra”.

(6)Entonces yo al oír esto he dicho:  “Amor mío y todo mío, dime ¿quién será esta pequeña afortunada?  ¡Oh, cómo quisiera conocerla!”

(7)Y Él rápidamente:  “¡Cómo!  ¿No has entendido quién es?  Eres tú mi pequeñita, te lo he dicho tantas veces que eres la pequeña, y por eso te amo”.

(8)Pero mientras esto decía me he sentido como transportar fuera de mí misma en una luz purísima, en la cual se veían todas las generaciones divididas como en dos alas, una a la derecha y otra a la izquierda del trono de Dios.  A la cabeza de una ala estaba la Augusta Reina Mamá, de la cual descendían todos los bienes de la Redención, ¡oh! cómo era bella su pequeñez, pequeñez maravillosa, prodigiosa, pequeña y potente, pequeña y grande, pequeña y Reina, pequeña y de su pequeñez ver depender a todos, disponer de todo, imperar sobre todos, y sólo porque pequeña envolver al Verbo en su pequeñez y hacerlo descender del Cielo a la tierra para hacerlo morir por amor de los hombres.  En la otra ala se veía a la cabeza a otra pequeña, – lo digo temblando y sólo por obedecer – era aquélla que Jesús había llamado su pequeña hija del Divino Querer, y mi dulce Jesús poniéndose en medio de estas dos alas, entre las dos pequeñas que estaban a la cabeza, ha tomado con una de sus manos la mía y con la otra la de la Reina Madre, y las ha unido juntas una y otra diciendo:


(9) “Mis pequeñas hijas, daos la mano ante nuestro Trono, abrazad entre vuestros pequeños brazos a la Eterna y Divina Majestad, solamente a vosotras es dado, por ser pequeñas, abrazar al Eterno, al Infinito y entrar dentro de Él, y si la primera pequeña arrancó al amor del Eterno la Redención, así la segunda, dando la mano a la primera, sea por Ella ayudada para arrancar al Eterno Amor el Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra”


20-61

Febrero 19, 1927

Jesús la invita a luchar.  Cómo Jesús lucha con sus conocimientos, con los ejemplos, con las enseñanzas; el alma lucha con recibirlos, con seguir los actos de su Voluntad en la Creación y Redención.

(1) Estaba siguiendo mi vuelo en el Fiat Divino y mi dulce Jesús se hacía ver que salía de dentro de mi interior, y entrelazaba sus manos con las mías invitándome a luchar con Él, yo era pequeña, pequeña, y no me sentía hábil y fuerte para luchar con Él, mucho más porque salió una voz de dentro de una luz que decía:  “Es demasiado pequeñita, ¿cómo puede vencer en esta lucha?”.  Y Jesús ha respondido:

(2) “Más bien porque es pequeña puede vencer, porque toda la fuerza está en la pequeñez”.

(3) Yo estaba desconsolada, no me atrevía a luchar con Jesús, y Él incitándome a la lucha me ha dicho:

(4) “Hija mía, ánimo, inténtalo, si tú vences vencerás el Reino de mi Voluntad, no te debes detener porque eres pequeña, porque he puesto a tu disposición toda la fuerza de las cosas creadas, así que junto contigo lucha toda la fuerza que contiene el cielo, el sol, el agua, el viento, el mar, todos me dan batalla, la hacen junto Conmigo para hacerme ceder el Reino del Fiat Divino, la hacen a las criaturas con las armas que cada cosa creada tiene en su propio puño, para rendirlas a reconocer mi Voluntad, a fin de que la hagan reinar como la hacen ellas reinar y queriendo vencer, todas se han puesto como en orden de batalla, y viendo que las criaturas resisten, queriendo vencer por fuerza porque tienen con ellas la fuerza de aquella Voluntad que las anima y domina, con las armas que poseen derriban gentes y ciudades con tal imperio, que ninguno las puede resistir; tú no puedes comprender toda la fuerza y potencia que contienen todos los elementos, que si mi Querer no los tuviera como frenados, sería tan encarnizada la batalla, que de la tierra harían ruinas.  Ahora, la fuerza de ellas es también tuya, y por eso tú gira en medio de ellas para ponerlas en orden de batalla, tus actos, tu pedir continuo el Reino del Fiat Supremo llama para poner atenta a toda la Creación, y mi Voluntad moviéndose en ella pone todos sus actos en oficio regio para dar y hacer vencer su Reino en medio de las criaturas.  Por lo tanto es mi mismo Querer el que lucha, que da batalla con mi misma Voluntad para el triunfo de su Reino.  Así que tu lucha está animada por Ella, la cual tiene fuerza suficiente e irresistible para vencer.  Por eso lucha, porque vencerás, y además, luchar para vencer el Reino del Fiat Supremo es la lucha más santa que puede existir, es la batalla más justa y más de derecho que se puede hacer, tan es verdad, que mi mismo Querer desde que formó la Creación empezó esta batalla y esta lucha, y se detendrá sólo cuando venza completamente.  ¿Pero quieres sabes cuándo luchas Conmigo y Yo contigo?  Yo lucho cuando te manifiesto los conocimientos sobre mi Eterno Fiat, así que cada dicho, cada conocimiento, cada semejanza que se refiere a Él, es una lucha y una batalla que hago contigo para vencer tu voluntad, ponerla en su puesto creado por Nosotros, llamarla casi por vía de lucha al orden del reino de mi Divino Querer, y mientras lucho contigo para subyugar tu voluntad, la inicio en medio de las criaturas.  Lucho contigo cuando te enseño el camino que debes hacer y lo que debes hacer para vivir en mi Reino, las felicidades, las alegrías que debes poseer, en suma, lucho por vía de luz que contienen mis conocimientos, lucho por vía de amor y con los ejemplos más tiernos en modo de no poder resistir a mi lucha, lucho por medio de las promesas de felicidad y de alegrías sin fin; mi lucha es persistente y no me canso jamás, ¿pero para vencer qué cosa?  Tu voluntad, y en la tuya a aquellos que reconocerán la mía para vivir en mi Reino.  Y tú luchas Conmigo cuando recibes mis conocimientos y poniéndolos en orden en tu alma formas el Reino de mi Fiat Supremo en ti, y haciéndome lucha buscas vencer mi Reino.  Cada acto tuyo hecho en mi Voluntad es una lucha que me haces; cada giro que haces por todas las cosas creadas para unirte a todos los actos que Ella hace en toda la Creación, llamas a toda la Creación a la batalla para vencer mi Reino, moviendo a mi misma Voluntad dominante en todas las cosas creadas para dar batalla a mi misma Voluntad para establecer su Reino.  Y por eso en estos tiempos, el viento, el agua, el mar, la tierra, el cielo, están más que nunca todos en movimiento, haciendo batalla contra las criaturas, sucediendo fenómenos nuevos, y cuántos más sucederán, destruyendo gentes y ciudades, porque en las batallas es necesario disponerse a sufrir pérdidas y muchas veces aun por parte de quien vence; sin batalla no ha habido jamás conquistas de reinos, y si esto ha habido, no han sido duraderas.  Luchas Conmigo cuando invistiendo todo lo que Yo hice y sufrí en mi Humanidad, esto es, en mis lágrimas, en mis penas más íntimas, en mis oraciones, en mis pasos, en mis palabras y hasta en las gotas de mi sangre, imprimes tu te amo y por cada uno de mis actos me pides que venga el Reino de mi Fiat Supremo, ¿quién puede decirte la lucha que me haces?  Mueves a mis mismos actos para hacerme batalla para vencerme a cederte mi Reino.  Por eso Yo lucho contigo y tú luchas Conmigo, es necesaria esta lucha, tú para vencer mi Reino, y Yo para vencer tu voluntad y para iniciar la batalla en medio de las criaturas, para establecer el Reino de mi Supremo Querer.  Yo tengo mi misma Voluntad, toda su potencia, fuerza e inmensidad para vencer, tú tienes mi misma Voluntad y a tu disposición toda la Creación y todo lo que Yo hice de bien en la Redención, para adiestrar un ejército formidable para hacer batalla y vencer el Reino del Fiat Supremo.  Mira, también cada palabra que escribes es una lucha que me haces y un soldado de más que colocas en el ejército que debe vencer el Reino de mi Voluntad.  Por eso sé atenta hija mía, que son tiempos de lucha y es necesario usar todos los medios para vencer”.


 


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