Lucas 7,24-30 24-21 Junio 16, 1928 34-10 Mayo 31, 1936
Evangelio según San Lucas 7,24-30.
Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús comenzó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras y viven en la opulencia, están en los palacios de los reyes.
¿Qué salieron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.
Les aseguro que no hay ningún hombre más grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él.
Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan.
Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de Dios para con ellos.
34-10
Mayo 31, 1936
(2) “Mi pequeña hija de mi Querer, mi Amor quiere desahogarse, siente la necesidad de hacer conocer a quien quiere vivir de mi Voluntad, lo que Yo hice y hago para que vuelva a reinar y dominar en medio a las criaturas; tú debes saber que toda mi Vida no fue otra cosa que el llamado continuo de mi Voluntad en medio a ellas, y el llamado de las criaturas en mi Fiat Supremo, tanto, que cuando me concebí simbolizaba el llamado, el regreso para hacerla concebir en las criaturas que con tanta crueldad la habían puesto fuera de sus almas, y las llamaba a ellas a concebirse en Ella. En cuanto nací, llamaba a renacer a mi Querer en todas las obras humanas; en todas mis lágrimas infantiles, gemidos, plegarias y suspiros, llamaba con mis lágrimas y suspiros a mi Voluntad en las lágrimas, penas y suspiros de las criaturas, para que nada hicieran en que no sintieran la fuerza, el imperio de mi Voluntad reinante en ellas, la cual apiadándose de mis lágrimas y de las de ellas, les habría dado la gracia del regreso de su reino. También mi exilio simbolizaba cómo las criaturas se habían exiliado de mi Querer, y Yo quise ser exiliado para llamar a mi Voluntad en medio a los pobres exiliados, a fin de que los llamara y convirtiera el exilio en patria, donde no más serían tiranizados por los enemigos, por gente extranjera, por viles pasiones, sino que estarían con la plenitud de los bienes de mi Voluntad. Y mi regreso a Nazaret simboliza muy bien mi Divina Voluntad, Yo vivía en Ella escondido, su reinar estaba en pleno vigor en la sagrada familia, Yo era el Verbo, la Voluntad Divina en persona velada por mi Humanidad, aquella misma Voluntad que reinaba en Mí se difundía a todos, los abrazaba, era movimiento y vida de cada uno, Yo sentía en Mí el movimiento y la vida de cada uno, de la cual mi Fiat era el actor; qué pena, qué dolor el no ser reconocido, ni recibir un gracias, un te amo, un acto de reconocimiento, ni del mundo entero, ni del mismo Nazaret, porque no sólo mi Voluntad, sino también mi Santa Humanidad vivía en medio a ellos, la cual no cesaba de dar luz a quien pudiera verme y acercarse a Mí para hacerme conocer, pero que en mi dolor quedaba siempre el Dios escondido. Tal es la suerte de mi Querer Divino, el hombre fue creado con la fuerza creadora del Fiat, nació, fue unido, empapado en Él, le suministra el movimiento continuo, el calor, la vida, terminará su vida en el Fiat, sin embargo ¿quién lo conoce? ¿Quién es agradecido por este acto divino continuo, sin jamás cansarse, que con tanto amor envuelve la vida de la criatura para darle vida? Casi ninguno hija mía; hacer el bien, ser causa primaria de conservación y dar vida perenne a la criatura, mantener el orden de todas las cosas creadas en torno a ella y sólo para ella, y no ser reconocido, es el dolor de los dolores, y la paciencia de mi Voluntad llega a lo increíble, ¿pero sabes tú el por qué de esta paciencia tan invencible y constante? Porque sabe que vendrá su reino, será reconocida su Vida palpitante en medio a las criaturas, y en vista de la gran gloria que recibirá al ser conocida que es vida de cada vida, y mientras es vida recibirá cada vida para reinar en ella, no estará más escondida sino develada y reconocida; en vista de esto soporta tanto desconocimiento, y sólo una paciencia divina podría soportar la prolijidad de tantos siglos de tanta ingratitud humana. De Nazaret pasé al desierto donde había máxima soledad, la mayor parte habitado por animales feroces que ensordecían el desierto con sus rugidos que me rodeaban, símbolo de mi Divina Voluntad, que cuando no es conocida se forma el desierto en torno a la criatura y una soledad que da horror y espanto, se aridece el bien y el alma se siente circundada más que por animales feroces, esto es, por sus pasiones brutales que mandan rugidos de rabia, de bestial furor, de crueldad, de toda suerte de males. Mi Santa Humanidad iba paso a paso buscando y encontrando todos los dolores que había sufrido mi Divina Voluntad para repararla y llamarla de nuevo a reinar de nuevo en medio a las criaturas, puedo decir que cada latido, respiro, palabra, paso y pena míos, era el llamado continuo a mi Voluntad a hacerse conocer por las criaturas para hacerla reinar, y las llamaba a ellas en Ella para hacerles conocer el gran bien, la santidad, la felicidad del vivir en el Fiat. Del desierto pasé a la vida pública, en la que pocos fueron los que me creyeron que Yo era el Mesías, especialmente de los doctos casi ninguno, y Yo quise usar mi Potencia sembrando milagros para formarme el pueblo, a fin de que si no creían en mis palabras creyeran a la potencia de mis milagros, eran mis industrias divinas y amorosas que a cualquier precio quería hacerme conocer que era su Salvador, porque si no me conocían no podían recibir el bien de la Redención, por eso era necesario hacerme conocer para hacer que mi venida sobre la tierra no fuera inútil para ellos. ¡Oh! cómo mi vida pública simboliza el triunfo del reino de mi Fiat en medio a las criaturas, que con verdades sorprendentes lo haré conocer, y para conseguirlo haré milagros y prodigios, con la Potencia de mi Querer llamaré a vida a los muertos a la gracia, repetiré el milagro de la resurrección de Lázaro, que a pesar que están podridos en el mal, que se han vuelto cadáveres pestilentes como Lázaro, mi Fiat los llamará a vida, hará cesar la peste del pecado, los hará resurgir en el bien, en suma, usaré todas mis industrias divinas para hacer dominar mi Querer en medio a las gentes. Ve entonces, en cada palabra mía que decía y en cada milagro que hacía, llamaba a mi Voluntad a reinar en medio a ellas, y llamaba a las gentes a vivir en Ella. De la vida pública pasé a la pasión, símbolo de la Pasión de mi Voluntad que por tantos siglos había sufrido tantas voluntades rebeldes de las criaturas, que con no querer someterse a Ella habían cerrado el Cielo, roto las comunicaciones con su Creador, y se habían convertido en infelices esclavos del enemigo infernal. Mi Humanidad lacerada, perseguida hasta la muerte, crucificada, representaba la humanidad infeliz sin mi Querer ante la Divina Justicia, y en cada pena llamaba a mi Fiat a darse el beso de paz con las criaturas para hacerlas felices, y las llamaba a ellas en Él para hacer cesar la Pasión dolorosa a mi Voluntad. Finalmente la muerte, que maduró mi Resurrección, la que llamaba a todas a resurgir en mi Fiat Divino, y ¡oh! cómo simboliza a lo vivo mi Resurrección el reino de mi Voluntad, mi Humanidad llagada, deformada, irreconocible, resurgía sana, de una belleza encantadora, gloriosa y triunfante. Ella preparaba el triunfo, la gloria a mi Voluntad, llamando a todos en Ella e impetrando que todos resurgieran en mi Querer, de muertos vivos, de feos bellos, de infelices felices. Mi Humanidad resucitada asegura el reino a mi Voluntad sobre la tierra, fue mi único acto lleno de triunfo y de victoria, y esto me convenía porque no quería partir para el Cielo si primero no daba todas las ayudas a las criaturas para hacerlas entrar en el reino de mi Querer, y toda la gloria, el honor, el triunfo a mi Fiat Supremo para hacerlo dominar y reinar. Por eso únete Conmigo y haz que no haya acto que hagas, y pena que sufras, que no llames a mi Voluntad a tomar su puesto real y dominante, y como vencedora conquiste a todos para hacerse conocer, amar y querer por todos”.
24-21 Junio 16, 1928
Ejemplo de un esposo cuando se divide en corte, como Dios desde el principio de la caída del hombre. El nuevo compromiso del esponsalicio fue hecho sobre la cruz. El cumplimiento en la Divina Voluntad.
(1) Estaba pensando en lo que está escrito en el capítulo anterior, y el bendito Jesús ha continuado diciéndome:
(2) “Hija mía, realmente es verdad que el Ente Supremo en el principio de la Creación tuvo su esponsalicio con la humanidad, pero sucedió como a un esposo cuando su esposa perversa lo induce a separarse, pero a pesar de esto; en el esposo queda un afecto en su corazón y piensa y suspira que si su elegida cambiara, quién sabe si podré reunirme y vincularme con ella con el lazo de esposos, y por eso frecuentemente le hace llegar al oído por medio de mensajeros, que él la ama. Así hizo Dios, a pesar de que el esponsalicio con la humanidad fue disuelto en la corte divina, reservó un afecto y anhelaba, si bien lejano, el nuevo lazo de esposos con la humanidad; tan es verdad que no destruyó el palacio que con tanta suntuosidad y magnificencia había formado, ni le quitó el bien del sol que formaba el día, sino todo quedó para que se sirviera de ello quien lo había ofendido. Es más, mantuvo la correspondencia con escoger desde el principio del mundo, ahora a uno, ahora a otro de los buenos, los cuales eran como mensajeros, como tantos carteros que llevaban, quién las cartitas, quién los telegramas, quién los telefonemas del Cielo, en los cuales venía anunciado que el esposo lejano no se había olvidado; que los amaba y que quería el regreso de su esposa ingrata. Por eso en el antiguo testamento, cuanto más multiplicaba los buenos, los patriarcas y los profetas, tanto más apremiantes eran las invitaciones y el correo que corría entre el Cielo y la tierra, porque Dios expedía noticias que deseaba la nueva unión. Tan es verdad, que no pudiendo contener más la vehemencia de su amor y no estando aún dispuesta la humanidad caída, hizo una excepción esposando a la Virgen Reina y a la Humanidad del Verbo con lazo de verdadero esponsalicio, a fin de que en virtud de Ellos fuese realzada la caída humanidad y pudiese formar el esponsalicio con la humanidad entera. Después mi Humanidad formó el nuevo compromiso sobre la cruz con ella, y todo lo que Yo hice, sufrí, hasta morir sobre la cruz, eran todos preparativos para efectuar el esponsalicio deseado en el reino de mi Divina Voluntad. Ahora, después del compromiso, quedan las prendas y los dones para darse, y éstos son los conocimientos sobre mi Fiat Divino, y en ellos les viene dado el gran don que me rechazó el hombre en el Edén, esto es, el don eterno, infinito e interminable de mi Querer, cuyo don atraerá tanto a la humanidad caída, que nos dará la correspondencia con el don de su pobre querer, que será como confirmación y sello de la unión de los esposos después de tan larga cadena de correspondencia, de fidelidad por parte de Dios, y de inconstancia, de ingratitud, de frialdad por parte de las criaturas. Así que, hija mía, el hombre se degradó, perdió todos los bienes porque salió de mi Voluntad Divina; ahora, para ennoblecerse, para readquirir todo y para recibir la rehabilitación del esponsalicio con su Creador, debe reentrar de nuevo en el Fiat Divino de donde salió, no hay caminos intermedios, ni siquiera mi misma Redención es suficiente para hacer regresar al hombre al principio de la era feliz de su creación; mi Redención es medio, camino, luz, ayuda, pero no fin, el fin es mi Voluntad, porque Ella fue el principio, y por justicia quien es el principio debe ser el fin. Así que la humanidad debe ser encerrada en mi Querer Divino para que le sea restituido su noble origen, su felicidad, y poner de nuevo en vigor el esponsalicio con su Creador. Así que no basta a nuestro amor el gran bien que hizo al hombre mi Redención, sino que suspira ir más allá; el verdadero amor no se contenta jamás, sólo está contento cuando puede decir: ‘No tengo más que darle’. Y conociendo que el hombre me puede regresar feliz, victorioso, glorioso, en el noble estado con el cual fue creado por Dios, y esto con reinar mi Voluntad en medio de ellos, he aquí el por qué todas las ansias divinas, los suspiros, las manifestaciones son dirigidas a hacer conocer nuestra Voluntad, para hacerla reinar, para poder decir a nuestro amor: ¡Cálmate, que nuestro hijo amado ha llegado a su destino, ya está en posesión de nuestra herencia que le fue dada en la Creación, cual es nuestro Fiat, y mientras él posee lo nuestro, Nosotros lo poseemos a él. Por tanto las nupcias están concluidas de nuevo, los esposos han regresado a su puesto de honor, no queda otra cosa que hacer más que festejar y gozar un tanto bien después de un tan largo dolor!”
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