Mateo 4,18-22 31-27 Febrero 12, 1933 20-19 Noviembre 2, 1926

Mateo 4,18-22.

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.

Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".

Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.

Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

31-27

Febrero 12, 1933

Dios posee en su naturaleza la fuerza creadora, necesidad de

amar.  Dios, prisionero voluntario de la criatura.  El

divino pescador, pesca diaria.

(1) Estaba siguiendo mis actos en el Querer Divino y sentía una fuerza potente que me arrollaba, me unificaba, me fundía en las mismas obras divinas.  Podría decir que mi ser se había empequeñecido tanto, que se perdía en el mar inmenso que sentía desbordar dentro y fuera de mí, sus olas eternas me elevaban y me sumergían, y yo sentía más la Vida Divina que la mía, y mi siempre amable Jesús que derriba y levanta, que da la muerte y en el mismo instante hace renacer a nueva vida, visitando a su pequeña hija me ha dicho:


(2) “Hija bendita, nuestro amor es exuberante, y por cuanto más damos más queremos dar a las criaturas, es más, en el dar nuestro amor nos desborda por todas partes y quisiera ahogarlas de amor, de santidad, de belleza, de luz, de bondad nuestra, cuanto más damos más crece en Nosotros la pasión de amarlas y de hacernos amar.  Tú debes saber que nuestro Ente Supremo posee en naturaleza la fuerza creadora, la virtud Redentora y la Vida que todo vivifica y santifica.  Ahora, al crear la Creación, obramos solos, sin la criatura, pero después de creada, nuestro amor es tanto hacia ella, que queremos continuar y desarrollar la fuerza creadora junto con ella, y mientras con el conservar la Creación es como si en acto la estuviésemos creando, esta fuerza creadora unifica e inviste a las almas y continúa la creación en el interior de cada una, ¿y qué cosa creamos?  Nuevos cielos de amor, nuevos soles de conocimientos, nuevos mares de gracias, nuevo aire de santidad, nuevos vientos de refrigerio que embalsaman a la criatura, nueva Vida siempre creciente de nuestra Voluntad Divina, nuevas flores de belleza, de santos deseos, en suma, el eco de la creación de todas las cosas, nuestra virtud creadora hace eco en las almas, y con una sabiduría y bondad toda nuestra, creamos siempre, sin cesar jamás; si cesara, lo que no puede ser, deberíamos restringir esta nuestra naturaleza creadora que tiene virtud de crear siempre.  Pero más que todo esto, nuestra Alteza Divina se abaja tanto, descendemos en el fondo de las criaturas, y ahí desarrollamos juntamente nuestra virtud creadora, solos no queremos obrar, la soledad nos destrozaría los brazos, y pondría un límite a nuestra fuerza y virtud creadora.  Nosotros para poder amar más, Nosotros mismos nos hemos formado una ley de amor, y hemos creado en Nosotros la necesidad de amar, así que amar en Nosotros es necesidad, pero necesidad querida, no forzada por alguien, y es esta necesidad de amar la que nos hace hacer tantas cosas inauditas, nos hace llegar a excesos y locuras hacia las criaturas.  Habría sido absurdo y no modos de un Ser perfecto, cual es el nuestro, crear las cosas y los seres vivientes y no amarlos, más bien primero los amamos, hacemos correr como acto primero nuestro amor, y después los sacamos a la luz como parto, desahogo y triunfo de nuestro amor, si esto no fuese así, la Creación nos habría sido de peso insoportable y no de gloria y de honor, las cosas que no se aman se rehuyen; en cambio Nosotros las amamos tanto, que nos encerramos en ellas, haciéndonos prisioneros voluntarios para formar nuestra Vida Divina en la criatura y llenarla de Nosotros, por cuanto son capaces, y para hacer que la amásemos más y para ser más amados, queremos que lo sepa y la queremos en nuestra compañía, para hacer que ella misma vea y toque por sí misma lo que estamos haciendo, y cómo desarrollamos nuestra Vida Divina en su alma; nuestro amor no se da reposo, y según las disposiciones y cooperación de la criatura, ahora desarrollamos la fuerza creadora, ahora la redentora, y ahora la santificadora, según sus necesidades y la correspondencia que nos da, pero todo esto siempre junto con ella, jamás solos; queremos usar la virtud creadora, pero queremos que la conozca y reciba; queremos usar la virtud redentora si el pecado la tiraniza, pero queremos que sienta el bien que queremos hacerle, y lo reciba con amor y gratitud; Queremos usar la virtud santificadora, pero queremos que se preste a recibir la transformación de nuestros santos actos en los suyos, para recibir nuestra virtud santificadora.  Si el alma no estuviese junto con Nosotros y no uniera su pequeño trabajo a nuestro gran trabajo, para Nosotros sería como si quisiésemos desarrollar nuestro trabajo de amor sobre cosas inanimadas, que no sienten y no saben nada del bien que reciben, y para ellas sería como el Dios lejano, que ni conocen, ni aman.  Tú debes saber que nuestro amor es tanto, que todas las criaturas nadan y están dentro de este mar inmenso de nuestro amor, y como si no estuviésemos contentos de tanta inmensidad de este nuestro amor, nuestro Ente Supremo se hace pescador y va pescando las pequeñas gotitas de amor de las criaturas, sus pequeños actos, los pequeños sacrificios, las penas sufridas por amor nuestro, un te amo de corazón que nos ha dicho.  Todo pescamos de dentro de nuestro mismo mar para darnos el contento, la felicidad de la correspondencia del amor de la criatura, y lo anhelamos tanto que de ello hacemos nuestra pesca diaria y preparamos nuestra mesa celestial.  El amor verdadero tiene virtud de transformar las cosas, pone un dulce encanto a nuestras pupilas divinas y nos vuelve bellos, graciosos, simpáticos, los pequeños actos amorosos de las criaturas, en modo que nos rapta, nos hiere, nos felicita.  Nosotros nos volvemos raptores, haciendo de ellos nuestra más agradable conquista, por eso si quieres hacernos felices y ser portadora a tu Dios de alegrías y de felicidad, ama, ama siempre, no ceses jamás de amarnos, y para estar más segura, enciérrate toda tú misma en el Fiat Divino, el cual nada dejará que hagas que no sea amor para tu Creador”.

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20-19

Noviembre 2, 1926


Ocultamiento de los propios actos en los actos de la Celestial

Mamá, y cómo la suplen.  La Redención servirá no más como

alimento a los enfermos, sino como alimento a los sanos.

(1) Continuaba mi vivir en el Fiat Divino, y mientras hacía mis actos en Él absorbía luz, la cual formando reflejos salían otros tantos hilos de luz, que formaban una red de luz que se extendía sobre la tierra para tomar a las criaturas, y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:


(2) “Hija mía, cada vez que giras en mi Querer, tanta más luz tomas para formar la red para atrapar a las criaturas, ¿y sabes tú cuál es esta red?  Son mis conocimientos.  Por cuantas más verdades te manifiesto sobre el Fiat Eterno, tanto más dispongo y ensancho la red para atrapar a las almas que deben vivir en mi reino, y esto dispone al Señor a dártelas.  Cuando giras en nuestra Voluntad, tus actos en virtud de Ella se vuelven luz y se agrandan tanto, que tocan la Divinidad y atraen otras luces de verdades en medio de las criaturas”.


(3) Después mientras continuaba mi giro en todo lo que ha sido hecho en el Querer Supremo, he llegado a todo lo que había hecho mi Mamá Celestial en Él y le decía:  “Soberana Señora, vengo a esconder mi pequeño amor en el gran mar de tu amor, mi adoración a Dios en el inmenso océano de la tuya, mis agradecimientos los escondo en el mar de los tuyos, mis súplicas, mis suspiros, mis lágrimas y penas las escondo en el mar de las tuyas, a fin de que el mío y tu mar de amor sean uno solo, mi adoración y la tuya sean una sola, mis agradecimientos adquieran la grandeza de tus mismos confines, mis súplicas, lágrimas y penas se vuelvan un solo mar con el tuyo, a fin de que también yo tenga mis mares de amor, de adoración, etc., a fin de que así como tu Alteza Soberana consiguió con éstos al suspirado Redentor, así también yo me presento con todos estos mares delante a la Majestad Divina para pedirle, para rogarle insistentemente el reino del Fiat Supremo.  Mamá, Reina mía, debo servirme de tu misma vía, de tus mismos mares de amor y de gracias para vencerlo y hacerle ceder su reino sobre la tierra, como lo venciste Tú para hacer descender al Verbo Eterno.  ¿No quieres Tú ayudar a tu pequeña hija, dándome tus mares para que pueda obtener que pronto venga el reino del Fiat Supremo sobre la tierra?”  Ahora, mientras esto hacía y decía, pensaba entre mí:  “Mi Mamá Celestial no se ocupó, ni tuvo tanto interés del Reino del Fiat Supremo, que pronto viniera a reinar a la tierra, tuvo interés del suspirado Redentor y lo obtuvo, y del Fiat Divino que era más necesario y que debía poner el perfecto orden entre Creador y criatura no se ocupó, mientras que le tocaba a Ella, como Reina y Madre el poner en paz a la voluntad humana y a la Divina, a fin de que reinara con su pleno triunfo”.  Mientras estaba en esto, mi siempre amable Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho todo bondad:


(4) “Hija mía, la misión de mi inseparable Mamá era para el suspirado Redentor y la cumplió perfectamente; pero tú debes saber que todo lo que hicimos, tanto Yo como Ella, la sustancia, la fuente, la causa primaria era el Reino de mi Voluntad.  Pero como para que viniera este Reino era necesario primero la Redención, mientras en nuestros actos, hacia adentro estaba el Reino del Fiat, hacia afuera de ellos estábamos todos atentos y ocupados en el Reino de la Redención.  En cambio tu misión es exclusivamente para el Reino del Supremo Querer, y todo lo que hicimos la Soberana Reina y Yo está a tu disposición para ayudarte, para suplirte, para darte acceso junto a la Divina Majestad para implorar y pedirle incesantemente que venga el Reino del Eterno Fiat.  Tú para recibir el bien del suspirado Redentor deberías haber hecho tu parte, pero no estando tú en aquel tiempo mi Mamá te suplió, ahora tú debes suplirla en su parte para el Reino de mi Querer; así que la Mamá suplió a la hija y la hija suple a la Mamá.  Mucho más que la Reina del Cielo fue la primera hija de mi Voluntad, y como vivió siempre en nuestros confines, se formó sus mares de amor, de gracias, de adoración, de luz.  Ahora, siendo tú la segunda hija de mi Querer, lo que es suyo es tuyo, porque tu Mamá te tiene como parto suyo y goza de que su hija esté en sus mismos mares para hacerles implorar el tan suspirado Reino del Fiat Divino sobre la tierra.  Así que mira cómo tan ampliamente te suple tu Mamá, dándote todo lo que es suyo, más bien se siente honrada de que sus inmensos mares te sirvan para hacerte conseguir un Reino tan santo”.


(5) Después de esto estaba siguiendo en el Querer Divino lo que Jesús hizo en la Redención, y mi dulce Jesús regresando ha agregado:


(6) “Hija mía, mi Redención vino como remedio del hombre y por eso sirve como remedio, como medicina, como alimento a los enfermos, a los ciegos, a los mudos, a todas las especies de enfermedades, y como están enfermos no toman gusto ni reciben toda la fuerza que contienen todos los remedios que vine a traerles para su bien; el Sacramento Eucarístico que lo dejé como alimento para darles perfecta salud, muchos lo comen y comen y se ven siempre enfermos.  Pobre alimento de mi misma Vida escondida bajo los velos de los accidentes del pan, cuántos paladares corruptos, cuántos estómagos indigestos que les impide sentir gusto de mi alimento y no digieren toda la fuerza de mi Vida Sacramental, y por eso quedan enfermos, y como son miembros con calentura en el mal, lo toman sin apetito.  Por eso suspiro tanto que venga el Reino del Fiat Supremo, porque entonces todo lo que Yo hice cuando vine a la tierra servirá como alimento a aquellos que gozarán perfecta salud.  ¿Cuál no es la diferencia entre un enfermo que toma el mismo alimento y otra persona que goza de perfecta salud?  El enfermo lo toma sin apetito, sin gusto, y le sirve para mantenerse y para no morir; el sano lo toma con apetito, y conforme lo gusta toma de más y se conserva fuerte y sano.  Así que, ¿cuál no será mi contento al ver que en el Reino de mi Querer todo lo que Yo hice servirá no más como alimento a los enfermos, sino como alimento a los hijos de mi Reino, que estarán todos llenos de vigor y de perfecta salud?  Más bien con poseer mi Voluntad, poseerán mi Vida permanente en ellos mismos, como la poseen los bienaventurados en el Cielo, así que mi Voluntad será el velo que esconderá mi Vida en ellos, y así como los bienaventurados mientras me poseen dentro de ellos como vida propia, porque la verdadera felicidad tiene principio en el interior del alma, por eso la felicidad que reciben continuamente de la Divinidad, da la mano, el beso, a la felicidad que poseen dentro y por eso son plenamente felices; así el alma que posee mi Voluntad tendrá mi Vida perenne en ella, que le servirá de alimento continuo, no una vez al día como el alimento de mi Vida Sacramental, porque mi Voluntad hará más desahogo, no se contentará con darse una vez al día, sino que se dará continuamente, porque sabe que tienen paladares puros y estómagos fuertes para gustar y digerir en cada momento la fuerza, la luz, la Vida Divina; y los Sacramentos, mi Vida Sacramental, servirán como alimento, como deleite, como nueva felicidad a la Vida del Fiat Supremo que poseerán.  El Reino de mi Querer será el verdadero eco de la Patria Celestial, que mientras los bienaventurados poseen como vida propia a su Dios, lo reciben también de fuera de ellos mismos, así que dentro y fuera de ellos, Vida Divina poseen y Vida Divina reciben.  ¿Cuál no será mi felicidad al darme Sacramentado a los hijos del Fiat Eterno y encontrar en ellos mi misma Vida?  Entonces se tendrá el fruto completo de mi Vida Sacramental, y al consumirse las especies no tendré más el dolor de dejar a mis hijos sin el alimento de mi Vida continua, porque mi Voluntad, más que accidentes Sacramentales mantendrá su Vida Divina siempre con su plena posesión.  En el reino de mi Querer no habrá ni alimentos, ni comuniones interrumpidos, sino perennes, y todo lo que Yo hice en la Redención les servirá no más de remedio, sino de deleite, de alegría, de felicidad y de belleza siempre creciente.  Así que el triunfo del Fiat Supremo dará el fruto completo al reino de la Redención”.


 


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