Lucas 21, 29-33 15-36 Julio 14, 1923
Lucas 21, 29-33.
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esa comparación: "Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse".
15-36
Julio 14, 1923
Expectativa de una nueva era. La señal segura de que está próxima.
(1)Encontrándome en mi habitual estado, mi buen Jesús ha venido, pero todo afligido; me parecía que no sabía separarse de mí, y todo bondad me ha dicho:
(2) "Hija mía, he venido para hacerte sufrir; ¿no recuerdas que cuando queriendo castigar al hombre, tú no querías que lo hiciera, queriendo sufrir tú en vez de ellos, y Yo para contentarte te dije que en vez de hacer por diez, por amor tuyo haría sólo por cinco? Ahora las naciones se quieren pelear, y las que se creen las más poderosas se están armando hasta los dientes para destruir las naciones débiles, se trata de destrucción completa hija mía, por eso he venido a hacerte sufrir, para darte aquel cinco que te prometí. Al fuego y al agua mi justicia dará el poder del oficio que contienen para destruir gentes y ciudades enteras, por eso es necesario un poco de tu sufrir, para disminuir estos castigos".
(3)Ahora, mientras esto decía se ha movido en mi interior, como si tuviese en sus manos varios instrumentos, y conforme los movía, así se formaban penas y dolores, con tal estiramiento de todos mis miembros, que no sé cómo he quedado viva; y cuando veía que por la fuerza de las penas yo gemía, temblaba, Jesús, con aire de quien ha triunfado en todo me decía: “Tú eres vida mía, y de mi Vida puedo hacer lo que quiero". Y continuaba su trabajo de hacerme sufrir. Sea todo para gloria de Dios, para el bien de mi alma y para la salvación de todos. Después de esto ha agregado:
(4) "Hija mía, todo el mundo está trastornado y todos están a la expectativa de cambios, de paz, de cosas nuevas; ellos mismos se unen para conferenciar y se asombran de que no saben concluir nada, ni llegar a serias decisiones, así que la verdadera paz no despunta y todo se queda en palabras, pero nada en los hechos, y esperan que otras conferencias puedan servir para decisiones serias, pero en vano esperan. Y entre tanto, en este esperar están todos con temor, y quién se prepara a nuevas guerras, quién espera nuevas conquistas; pero con todo esto los pueblos empobrecen, se despojan vivos, y mientras esperan, cansados de la era triste que los envuelve, turbia y sangrienta, esperan y tienen la esperanza de una nueva era de paz y de luz. El mundo se encuentra precisamente en el punto como cuando Yo debía venir a la tierra, todos estaban en espera de un gran acontecimiento, de una era nueva, como en efecto sucedió. Así ahora, debiendo venir el gran advenimiento, la era nueva en la que la Voluntad de Dios se haga en la tierra como en el Cielo, todos están a la expectativa de una era nueva, cansados de la presente, pero sin saber cuál es esta novedad, este cambio, como no lo sabían cuando Yo vine a la tierra. Esta expectativa es una señal cierta de que la hora está cercana, pero la señal más segura es que Yo voy manifestando lo que quiero hacer, y que dirigiéndome a un alma, como me dirigí a mi Mamá al bajar del Cielo a la tierra, le comunico mi Voluntad y los bienes, los efectos que Ella contiene, para hacer de ello un don a toda la humanidad".
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Deo Gratias.
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