Lc 21, 12-19 30-32 Mayo 30, 1932

Lc 21,12 19"Con tu perseverancia salvarás tu vida"

Evangelio † Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21,12-19 Gloria a ti Señor


https://enelreinodelfiat.blogspot.com/2021/11/invocacion-la-divina-voluntad.html


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Los perseguirán y los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía. Con esto ustedes darán testimonio de mí.

Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.

Los traicionarán hasta sus padres y hermanos, sus parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes, y todos los odiarán por causa mía.

Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”

 30-32

Mayo 30, 1932

La Divina Voluntad busca el acto de la criatura para formar su Vidaen ella.  Diferencia entre los Sacramentos y la Divina Voluntad.Cómo Ella es vida y aquellos son los efectos de Ella.

(1) Mi pequeña mente continúa navegando el mar inmenso del Fiat Divino, me parece que en todas las cosas, y también sobre el Ente Supremo tiene el primer puesto de dominio y de mando, y dice:  “En vano me huyes, en todas las cosas puedo decir estoy aquí, Yo soy, estoy aquí por ti, para darte vida, soy el insuperable, ninguno me puede superar ni en el amor, ni en la luz, ni en mi inmensidad, en la cual formo tantas Vidas de Mí mismo por cuantas Vidas quiero dar a las criaturas”.  ¡Oh! potencia del Querer Divino, que en tu inmensidad buscas el acto de la criatura para formar tantas Vidas de Ti en cada uno de los actos de ellas; y ¡oh, en cuántos de estos actos no te reciben y te rechazan, y tu Vida queda sofocada en Ti, en tu inmensidad, pero Tú sin jamás cansarte, con amor que todo vence, continúas tu búsqueda de los actos humanos para dar tu Vida, y bilocarla a cada instante.  Pero mientras mi mente se perdía en el mar del Fiat, mi Celestial Maestro Jesús, visitando a su pequeña hija me ha dicho:


(2) “Hija bendita de mi Querer, cada acto de la criatura hecho en mi Voluntad es un paso que da para acercarse a Dios, y Dios a su vez da un paso para acercarse a ella, se puede decir que el Creador y la criatura están siempre en camino el uno hacia el otro, no se detienen jamás, y mi Voluntad desciende en el acto de la criatura para formar su paso de Vida Divina y ella sube en el Fiat, en las regiones divinas para hacerse conquistadora de luz, de amor, de santidad, y conocimientos celestiales.  Así que cada acto, palabra, respiro, latido en mi Voluntad, son tantos pasos de Vida Divina que hace la criatura, y Ella suspira estos actos para tener su campo de acción, para poder formar tantas Vidas Divinas en la criatura.  Fue esta la finalidad de la Creación, formar nuestra Vida en la criatura, tener nuestro campo de acción divino en ella, y por eso amamos tanto que haga nuestra Divina Voluntad, para poner a salvo nuestra Vida, no en Nosotros, pues no tenemos necesidad de ninguno, somos más que suficientes a Nosotros mismos, sino en la criatura.  Este era el gran portento que queríamos y queremos hacer en virtud de nuestra Voluntad, formar nuestra Vida en la vida de la criatura, por eso si esto no hacemos, la Creación quedaría sin nuestra finalidad inicial, sería un obstáculo a nuestro amor, una amargura continua el observarla y ver una obra tan grande y de tanta magnificencia, y no realizada, y fallida nuestra finalidad.  Y si no estuviera en Nosotros la certeza que nuestra Voluntad debe reinar en la criatura para formar nuestra Vida en ella, nuestro amor quemaría la Creación toda y la reduciría a la nada, y si tanto soporta y se tolera, es porque vemos más allá de los tiempos nuestra finalidad realizada.

(3) Ahora, en cuanto la criatura hace su voluntad así retrocede y da un paso hacia atrás de su Creador, y Dios retrocede, y se forma una distancia infinita entre uno y otro.  Ve entonces la necesidad de perseverar en modo continuo de obrar en mi Divina Voluntad, para disminuir la gran distancia entre Dios y la criatura, producida por la voluntad humana, y no te creas que sea distancia personal, Yo estoy por todas partes, en todos, en el Cielo y en la tierra, la distancia que forma el querer humano sin el mío, es distancia de santidad, de belleza, de bondad, de potencia, de amor, son distancias infinitas que sólo mi Querer obrante en la criatura puede reunir y unir juntos y volver inseparables el uno del otro.  Esto sucedió en la Redención, cada manifestación que Nosotros hacíamos sobre la venida del Verbo a la tierra, era un paso que dábamos hacia el género humano, y conforme lo suspiraban y rogaban y manifestaban al pueblo nuestras manifestaciones, profecías y revelaciones, así daban tantos pasos hacia el Ente Supremo, así aquellos estaban en camino hacia Nosotros y Nosotros hacia ellos, y conforme se acercaba el tiempo de deber descender del Cielo a la tierra, así aumentábamos los profetas para poder hacer más revelaciones, para poder apresurar el camino de ambas partes, tan es cierto, que en los primeros tiempos del mundo no hubo ningún profeta, y nuestras manifestaciones eran tan escasas que se puede decir que se daba un paso cada siglo.  Esta tardanza de camino producía frialdad por parte de las criaturas, y casi se tenía por todos como un modo de decir, una cosa absurda mi venida a la tierra, no una realidad.  Así como se piensa hoy sobre el reino de mi Voluntad, un modo de decir, y casi como una cosa que no puede ser.  Posteriormente vinieron después de Moisés los profetas, casi en los últimos tiempos, cerca de mi venida a la tierra, con los cuales después de nuestras manifestaciones se apresuró el camino de ambas partes, y después vino la Soberana del Cielo, la cual no sólo caminó, sino corrió para apresurar el encuentro con su Creador, para hacerlo descender y hacerlo cumplir la Redención.  Mira entonces como mis manifestaciones sobre la Divina Voluntad son pruebas ciertas de que Ella camina para venir a reinar sobre la tierra, y que la criatura a la cual han sido hechas, con una constancia férrea camina y corre para recibir el primer encuentro, para darle su alma y hacerla reinar, y así darle el paso para hacerla reinar en medio a las criaturas.  Por eso tus actos sean continuos, porque sólo los actos continuos son los que apresuran el camino, superan todo obstáculo, y son los únicos vencedores que vencen a Dios y a la criatura”.

5) “Hija mía bendita, la diferencia es grande entre el uno y la otra.  Los Sacramentos son los efectos de mi Voluntad, en cambio Ella es Vida, y como Vida, con su potencia creadora forma y da vida a los Sacramentos.  Los Sacramentos no tienen virtud de dar vida a mi Voluntad, porque Ella es eterna, no tiene ni principio ni fin.  En cambio mi Voluntad adorable ocupa siempre el primer puesto en todas las cosas, y poseyendo la virtud creadora en su naturaleza, crea las cosas y su misma Vida donde quiere, cuando y como quiere.  Se puede decir que la diferencia es como una imagen entre el sol y los efectos que produce el sol, éstos no dan vida al sol, sino que reciben la vida del sol y deben estar a su disposición, porque la vida de los efectos viene producida por el sol.  Y además, los Sacramentos se reciben a tiempo, lugar y circunstancia:  El bautismo se da una sola vez y no más, el Sacramento de la penitencia se da cuando se cae en el pecado, mi misma Vida Sacramental se da una sola vez al día, y la pobre criatura en este intervalo de tiempo no siente sobre sí la fuerza, la ayuda de las aguas bautismales que la regeneran continuamente, ni las palabras sacramentales del sacerdote que la fortalecen de manera continua con decirle:  ‘Yo te absuelvo de tus pecados’, ni encuentra en sus debilidades y pruebas de la vida, ni siquiera a su Jesús Sacramentado que pueda recibirlo en todas las horas del día.  En cambio mi Divina Voluntad poseyendo el acto primero de vida y de poder dar vida, con su imperio tiene el acto continuo sobre la criatura, a cada instante se da como vida, vida de luz, de santidad, de amor, vida de fortaleza, en suma, para Ella como vida no existen tiempos, circunstancias, lugares, horas, no hay restricciones, ni leyes, especialmente porque debe dar vida y la vida se forma con actos continuos, no a intervalos.  Y por eso en el ímpetu de su amor, con su imperio continuo, se puede decir que es bautismo continuado, absolución jamás interrumpida, y comunión a cada instante.  Mucho más que esta nuestra Voluntad fue dada al hombre en el principio de su creación como vida perenne habitante en él.  Esta era la sustancia, el fruto de la Creación, nuestra Voluntad que debía formar nuestra Vida en la criatura.  Con esta Vida Nosotros dábamos todo, no había cosa de la que él pudiera tener necesidad, que no pudiera encontrar en nuestra Voluntad, se puede decir que habría tenido a su disposición todo lo que quisiera:  ayuda, fuerza, santidad, luz, todo venía puesto en su poder, y mi Voluntad tomaba el empeño de darle todo lo que quería, con tal que le diera el dominio y la hiciera habitar en su alma; por eso no era necesario instituir los Sacramentos cuando fue creado el hombre, porque en mi Voluntad poseía el principio y la vida de todos los bienes; los Sacramentos como medios de ayuda, de medicina, de perdón, no tenían ninguna razón de existir; pero cuando el hombre rechazó nuestra Voluntad, retirándose Ella el hombre quedó sin Vida Divina, por lo tanto sin la virtud alimentadora, sin el acto continuo de recibir nueva y creciente vida, y si no moría del todo, eran los efectos que de acuerdo a sus disposiciones, circunstancias y tiempos, le daba mi Divina Voluntad.  Ahora viendo nuestra paterna bondad que el hombre iba siempre precipitándose más, para darle un sostén, una ayuda, le dio la ley como norma de su vida, porque en la Creación no le dio ni leyes, ni ninguna otra cosa, sino mi Voluntad Divina, la cual con dar vida continua le daba en naturaleza nuestra ley divina, de modo que debía sentirla en sí mismo como vida propia, sin tener necesidad que Nosotros le dijéramos, ni mandáramos.  Mucho más que donde reina mi Voluntad no hay leyes, ni mandatos, las leyes son para los siervos, para los rebeldes, no para los hijos; entre Nosotros y aquellos que viven en nuestro Querer, todo se resuelve en amor.  Pero con toda la ley el hombre no se rehizo, y como nuestro ideal de la Creación había sido el hombre, y sólo por él todo fue hecho, por eso quise venir a la tierra en medio a ellos, y para darles apoyos más válidos, medicinas más saludables, medios más seguros, ayudas más potentes, instituí los santos Sacramentos, y éstos obran a tiempos y circunstancias, y según las disposiciones de las criaturas, como efectos y obras de mi Divina Voluntad.  Pero si con todo este gran bien el alma no hace entrar a la Divina Voluntad en ella como vida, tendrá siempre sus miserias, una vida mediocre, sentirá a lo vivo sus pasiones, la santidad, la misma salvación estarán siempre peligrando, porque sólo mi Voluntad que se da como vida continua forma el dulce encanto a las pasiones, a las miserias y forma los actos opuestos de santidad, de fortaleza, de luz, de amor, en los males de las criaturas, de manera que el querer humano, sintiendo el dulce encanto, siente correr en sus males lo bello, lo bueno, lo santo del acto continuo de vida, que bajo su suave y dulce imperio le da mi Voluntad y se deja hacer lo que Ella quiere, porque un acto continuo que da vida perenne no puede jamás ser alcanzado por otros actos, ayudas y medios, por cuan fuertes y santos sean, para hacer el bien que puede hacer un acto continuo.  Por eso no hay mal mayor que la criatura pueda hacerse, ni ofensa más grande que pueda hacer a nuestra paterna bondad, que el no hacer reinar a nuestra Voluntad en ella.  Si estuviera en su poder nos induciría a destruir toda la Creación, porque la criatura fue hecha porque debía ser nuestra habitación, y no sólo ella, sino todas las cosas creadas:  Cielos, sol, tierra, todo, siendo obras salidas de nuestra Alteza Suprema, teníamos el derecho de habitarlas, y con habitarlas las conservamos con decoro, bellas y siempre nuevas, como en el acto en que las sacamos a la luz.  Ahora, la criatura con no hacer nuestra Voluntad, se pone fuera de nuestra habitación y nos sucede a Nosotros como sucedería a un rico señor, que queriéndose fabricar un grande y bello palacio, cuando lo ha terminado va a habitarlo, y se cierran las puertas en su cara, se le lanzan las piedras encima, de manera que es obligado a no poner un pié dentro, y a no poder habitar las habitaciones formadas por él, ¿no merecería que fuera destruida por aquél que la ha formado?  Pero no lo hace, porque ama su obra, sino espera y espera, quién sabe y a lo mejor pueda vencer con amor, y por sí misma le abra las puertas para hacerlo entrar dándole la libertad de hacerlo habitar.  En tales condiciones nos pone la criatura al no hacer reinar nuestra Voluntad en su alma, nos cierra la puerta en la cara y nos lanza las piedras de sus culpas contra Nosotros, y Nosotros con paciencia invencible y divina esperamos, y no queriendo en sí nuestra Voluntad como vida, con paterna bondad le damos los efectos de Ella, como son las leyes, los sacramentos, el evangelio, las ayudas de mis ejemplos y plegarias, pero todo este gran bien no puede igualar el gran bien que puede hacer mi Voluntad como vida perenne de la criatura, porque Ella es todo junto:  Leyes, sacramentos, evangelio, vida.  Ella significa todo, poder dar todo, poseer todo, y esto basta para poder comprender la gran diferencia que hay entre mi Voluntad como vida continua en la criatura, y entre sus efectos que puede producir no en modo perenne, sino a circunstancia, a tiempo, en los mismos Sacramentos, y si bien los efectos pueden hacer gran bien, pero jamás pueden llegar a producir todos los bienes que puede producir la Vida de mi Divina Voluntad reinante y dominante en la criatura, por eso sé atenta hija mía, y dale la santa libertad de hacer lo que quiere en tu alma”.


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